Sentir, luchar, vencer ... podemos

sábado, junio 09, 2007

Cornershot



Amir me manda este enlace a http://www.cornershot.com donde podemos ver este "puntazo" de arma de última generación (con fotos y vídeo incluido) y de fabricación israelí. Casualmente anoche apareció en un capítulo de la serie CSI Miami que estaba viendo.
Viendo el vídeo sobre este nuevo armamento y las vidas que puede salvar (vidas de inocentes, vidas de gente decente, no vidas de terroristas, por supuesto) he recordado el Siguiente artículo de Gabriel Albiac en el Mundo (1 de diciembre de 2003):


Algebras de la guerra
GABRIEL ALBIAC

Carl Von Clausewitz arranca su imprescriptible De la guerra con el frío rigor del matemático que despliega postulados. La obscenidad funesta del sentimentalismo, el primero. «Como es natural», escribe, «las gentes de buen corazón pensarán que hay algún medio ingenioso de desarmar o derrotar al enemigo sin excesivo derramamiento de sangre y quizá imaginen que ésta es la verdadera finalidad del arte de la guerra». No sólo es un error. Clausewitz sabe, tras las guerras napoleónicas, que es, además, una tragedia. Lejos de lograr su amable objetivo, el humanitarismo sólo multiplica exponencialmente las bajas: propias como adversas.

«La guerra, concluye, «es un asunto tan peligroso que los errores debidos a la benevolencia son los más graves de todos. El empleo máximo de la fuerza no es de ningún modo incompatible con el empleo simultáneo del intelecto. Si uno de los bandos utiliza la fuerza sin remordimiento y no se detiene ante el derramamiento de sangre al tiempo que el otro se contiene, aquel bando obtendrá ventaja. Aquel bando obligará al otro a reaccionar, cada uno arrastrará al contrario a situaciones extremas y los únicos factores limitativos serán las contrapartidas propias de la guerra...Introducir el principio de la moderación en la teoría de la guerra siempre conduce al absurdo lógico».

No es el menor de los aspectos fascinantes de las conversaciones de Hitler con Hermann Rauschning, entre 1932 y 1934, la apuesta por esa moderación europea como garantía de la victoria nazi. La fantasía humanitaria, el fantástico disparate conforme al cual una guerra puede ser evitada a fuerza de benevolencia, auguraba la derrota democrática, antes de que el primer tanque alemán hubiera sido puesto en movimiento.

Viejo hitleriano en política, Sadam sabe perfectamente eso. Su poder se asentó sobre la matanza masiva. Las fosas comunes -tan despreciadas por los pacifistas españoles-, en las que poblaciones enteras -niños como ancianos, hombres como mujeres- fueron exterminadas en masa, no permiten albergar duda acerca de la capacidad sanguinaria del Baaz. Ni albergar esperanzas sobre una solución militar -y política- que no pase por la destrucción total del ejército guerrillero con el cual trata Sadam de restablecer y perpetuar su régimen de terror.

«La finalidad de la guerra es desarmar al enemigo». No se ha hecho aún, y es constrictivo culminarlo. Porque -concluye Clausewitz-, «mientras no haya derrotado a mi oponente, estoy obligado a temer que él pueda derrotarme a mí. Por tanto, no tengo el control: él me lo impone a mí en igual medida que yo a él». Mientras Sadam esté vivo y armado, nada es irreversible.
Si sustituimos a Saddam por "la rata de Teherán" o cualquier otro de los líderes terroristas que amenazan a Israel y al resto de la civilización el texto no ha perdido vigencia, en absoluto.

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