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viernes, septiembre 21, 2007

En honor a Ben Sion Jaim Henman





Crónica de un Atentado Suicida Frustrado
Daniel Maoz


Aquellas primeras horas de la mañana del martes 18de Septiembre se presentaban alentadoras. Mientras la enorme mayoría de la población israelí disfruta de la tranquilidad diaria, casi rutinaria desde hace meses, un puñado de jóvenes soldados partían desde su base hacia la ciudad palestina de Nablus. Ésta demostró, ya en los últimos 7 años, que tiene una ventaja por sobre las demás ciudades palestinas: la exportación sin límites del terror suicida. Nablus es considerada la "capital del terrorismo suicida" de cualquier color. Hamás, Jihad Islámica Palestina, Fatal. Todos ellos han educado, motivado y puesto en práctica más de 40 atentados suicidas contra la población israelí. Triste record y ejemplo de la educación que reciben los jóvenes de una ciudad de más de 250.000 habitantes.
Las calles de la ciudad, tan conocidas por los apuestos soldados, revelan las fotografías de los "héroes": los terroristas suicidas son vanagloriados en este mundo, además de ir al paraíso.
Cuatro jeeps de Tzahal hacían el camino hacia un barrio en el norte de la ciudad con un solo objetivo: permitir que el pueblo de Israel disfrute de seguridad, tranquilidad y en definitiva, que pueda vivir sin ser asesinado.
Mientras se dirigen en uno de los jeeps, una cámara filmadora del departamento del vocero de Tzahal toma imágenes. Las mismas, totalmente rutinarias si no fuera por trágicas situaciones, se enfocan en uno de los soldados. En aquel jeep de Tzahal, todos los soldados tenían clara su misión. Camino a una serie de casas donde se esconden un terrorista suicida, su reclutador, el "ingeniero" que preparó el cinturón explosivo, y demás terroristas miembros de la célula del Hamás, para luego poder regresar a la base a descansar hasta la próxima salida, al día siguiente.
Los soldados, quienes llevan a cabo diarias operaciones de búsqueda de terroristas buscados por el servicio de seguridad israelí, conocen cómo deben comportarse en dichas actividades anti-terroristas. Entrar, buscar, preferentemente sin disparar, buen trato a la población palestina, y salir, luego de llevarse al terrorista a la cárcel israelí.
Pero la cámara se detuvo en uno de ellos, por alguna razón que así quiso el destino.
Ben Zion Haneman, 22 años, apuesto joven, uno de los mayores hijos de una casa de 10, habló ante la cámara de filmación, camino a la operación militar. En pocas palabras sintetizó con perfección absoluta el sentimiento que llevan dentro de ellos los soldados del Ejército de Defensa de Israel. "Tenemos un país hermoso. Tenemos un Ejército hermoso. Éxito para todos". Habrá querido decir, permítaseme interpretar: "hey ustedes, tan de moda está desnudar a Israel, golpearla como si fuera una bolsa de boxeo, no se dan cuenta lo maravillosa que es, a pesar de todo"?
Minutos más tarde, ya todo estaba listo. La adrenalina y la tensión por un lado, la capacidad profesional de jóvenes de 18 a 22 años, y la célula terrorista que buscaban.
Las casas entrepuestas una sobre otra, la densidad de población casi insoportable, las callejuelas, los techos peligrosos ante la posible aparición de potenciales terroristas que lancen heladeras u hornos cargados de explosivos. Primera casa, división de responsabilidades, uno se cubre con el otro. Los soldados buscan a la célula de Hamás. Saben que es peligrosa. Uno de ellos ya juró que cometerá el atentado suicida en algun punto del centro de Israel. Los soldados saben que ellos son, literalmente, la última barrera defensiva frente al terrorista suicida y sus designios de muerte, odio y destrucción. Otra vez, el comandante de Ben Zion se lo transmitiría a los soldados, frente a la cámara, apretujados en el jeep: "ustedes son los únicos que pueden hacer esto. No hay nadie mas que lo haga. De ustedes depende".
El comandante de uno de los jeeps, a cargo de una zona de casas que debían ser chequeadas por los soldados, le ordena a Ben Zion: "Benzi, cubrirnos". Benzi, ojos claros, pelo corto, debería liberarse de su servicio en Tzahal en 14 días. Luego de tres años de actividad sin descanso, ya sea entrenamientos, capturas de terroristas, Benzi ya pensaba en su paseo de descanso luego del ejército, una clásica de todo soldado de Tzahal.
Allí, en Nablus, perdió su vida Ben Zion. Minutos antes de su muerte, consecuencia de disparos de uno de los terroristas de Hamás, en aquel jeep que transportaba a los soldados hacia la captura de 39 terroristas del Hamás, incluyendo un terrorista suicida y su reclutador, los soldados cantaban el "Hatikva", el himno de Israel y el pueblo Judío, a todas voces.
Pensar que todos los días, sin excepción alguna, soldados como él capturan a alguna decena de terroristas buscados antes que cometen su tarea de odio y destrucción. Las caras de aquellos que nos protegen, sólo la conocemos cuando caen en cumplimiento de su deber: defender a la ciudadanía israelí.
Benzion, sacrificando su propia vida, nos entregó la nuestra.
Gmar Jatimá Tova.
Gracias a http://www.es-israel.org podemos ver aquí un emotivo vídeo de sus últimos momentos.
Todo mi respeto a la memoria de este joven que dio su vida por Israel y por la libertad de todos nosotros luchando contra el terrorismo. Todo mi apoyo y cariño a su familia, amigos y compañeros.
Descanse en paz.

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