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lunes, junio 11, 2007

Los amigos del "iluminado"


“El Gorila Rojo se sube al árbol”
por Alfonso Rojo (ABC, 31 de mayo de 2007)
Echo en falta una carta de Zapatero. Un mensaje similar al que firmó al alimón con el turco Erdogan en «The Herald Tribune», pero esta vez -en lugar de criticar la publicación de caricaturas de Mahoma- para poner a caldo a Hugo Chávez.
Lo del Gorila Rojo no es de recibo. No sólo porque haya cerrado la cadena RCTV y ocupado la frecuencia con su televisión, sino porque anda corriendo a balazos a los estudiantes y amenaza con clausurar Globovisión y cualquier medio de comunicación «desafecto».
Alguno de su asesores debería decir a Zapatero que con amigos como Chávez no se puede ir ni a apañar billetes de 100 dólares. En la vida se puede hacer casi todo, menos el ridículo y lo estamos haciendo. Para ser más exactos: nos lo está haciendo hacer y a nivel planetario el Gobierno Zapatero, que ha convertido a tipos como Chávez en uno de nuestros principales aliados.
Los españoles somos parte de ese pequeño y privilegiado porcentaje de la Humanidad que habita en países donde impera la paz, se respetan los derechos humanos, se cumplen las leyes, existe Seguridad Social, el Estado se preocupa por los desfavorecidos y se mima la libertad de expresión. Nuestra sociedad no deja morir de hambre a los débiles, no tolera la brutalización de las mujeres, no acepta que se explote a los niños, trata de proteger al menesteroso y no tirotea estudiantes o apalea periodistas.
En eso, somos como Francia, Alemania, Gran Bretaña o Italia. No como la Venezuela de Chávez, la Nicaragua de Ortega, la Bolivia de Evo Morales, la Cuba de Fidel o el Irán de Ahmadineyad.
Hemos crecido hasta convertirnos en la décima potencia económica del Planeta y tenemos una Historia plagada de personajes ilustres. No puede ser nuestro aliado internacional un tipejo como Chávez que, refiriéndose a los opositores, dice ufano: «Chillan como cochinos camino del matadero y ahora, después de darles palos durante seis años, vamos a propinarles el nocaut definitivo».
Uno no elige a sus parientes, pero sí a sus amigos y Zapatero está obligado, por decencia y vergüenza torera, a escoger con más sensatez las amistades de España.

LECCIONES DEL PASADO: De la democracia popular al nazi-fascismo
Por Eudoro Galindo Anze

No suelo hablar mucho sobre el "gorila rojo" no porque no de motivos o dejen de interesarme sus cacicadas travestidas de patochadas, sino porque me resulta tan obvio su posicionamiento entre los dictadores y tiranos que han asolado historicamente a latinoamerica que me da mucha pereza oir a nuestros progres riéndole las gracias y justificando sus barbaridades en nombre de su "antiamericanismo".
Lo siento por los venezolanos, creo que les quedan por delante años muy negros. Y que estén seguros de que no recibirán ninguna ayuda desde eurabia. Aquí continuarán echándole una manita, y las que hagan falta, al simio parlante y cantante.

A continuación podemos leer dos buenos artículos sobre las relaciones internacionales a las que nos está abocando el Iluminado y su banda:

“Deudas que no prescriben”
por Gabriel Albiac (La Razón)
Nada en política internacional es gratis. Hasta el último céntimo de deuda contraída, se paga con intereses. Nuestros políticos ignoran eso. Ellos rumian su irreal mundo en donde ni un mal crédito bancario se devuelve.
Don José Luis Rodríguez Zapatero puede dirigir un partido que, por mano de su «boss» en Barcelona, se embolsa graciosamente los millones de La Caixa. Don José Luis Rodríguez Zapatero puede presidir un Gobierno cuya mayoría veta cualquier norma que limite el perdón a los partidos de sus deudas bancarias. Va a ser difícil que convenza a sus interlocutores internacionales de renunciar igual al cobro de los vidrios rotos por la política exterior de sus años de alegre despilfarro. Ni la Francia de Sarkozy ni los Estados Unidos de Rice tienen por norma practicar la caridad con quien los abofetea. Tienen razón. Un país que acepta ser abofeteado gratis, está muerto.
Con los Estados Unidos, ha ejercido Rodríguez Zapatero una actitud más suicida que arrogante. Antes ya de su accidental llegada a la Moncloa; cuando aquella grosería absurda en el desfile contra una bandera aliada. Tan absurda que, sobre la marcha, nadie la percibió siquiera, y tuvo que ser él mismo quien llamara humildemente a las redacciones para que rebuscaran la desapercibida foto y la metieran en portada. Lo de luego fue más grave.
La huida precipitada de las tropas españolas de Irak tiene sólo un precedente en lo humillante: los pies en polvorosa de nuestro ejército sahariano ante el avance de la «marcha verde» marroquí en el 75. El posterior llamamiento del Presidente español, desde Túnez, a la global deserción de las fuerzas internacionales que daban batalla al islamismo sobre territorio de la derrocada dictadura baazista, va más allá de lo diplomáticamente calificable. Como más allá de cualquier criterio diplomático iba la mascarada bajo pañoleta palestina y la atribución al único gobierno democrático del Cercano Oriente, el de Israel, de practicar deliberado exterminio de población civil desarmada. Si uno piensa en la dependencia que, para cuanto concierne a la lucha antiterrorista, tiene la administración española respecto de la tecnología israelí y estadounidense, grosería deja de ser la palabra justa.
Nicolas Sarkozy llega a Madrid con una factura en la mano. Difícil de olvidar. La de las legalizaciones automáticas de Caldera, que generaron, de rebote, a Francia su peor estallido migratorio de los últimos decenios. Al desabrido regocijo de Zapatero ante el vandalismo suburbial al que el ministro de interior francés tuvo que enfrentarse, dio Sarkozy la respuesta fría de quien espera el día de pasar la cuenta: «Me asombran sus palabras. Porque Francia ha estado siempre del lado de España en la lucha contra ETA, sin discutir jamás la política española. Si ha habido alguien solidario con España, bajo el gobierno de Aznar como bajo el de Zapatero, creo poder decir que he sido yo».
Y era verdad. Como es verdad que a España no le quedan ya más aliados internacionales que las peores tiranías: de Rabat a Caracas, de Teherán a la Habana. Y que la hora ha llegado de ir pagando las deudas.

“El Atlantismo y sus enemigos”
por Hermann Tertsch (ABC)
Parece una mala broma que este aniversario de nuestra decisión de ingresar en la Alianza Atlántica -la mayor organización de defensa de la democracia, las libertades y los derechos humanos que jamás ha existido- se produzca cuando España está perfectamente al margen y en la profunda irrelevancia y todo el escenario internacional se ha puesto en perfecta ebullición.
El diálogo franco-alemán entre Angela Merkel y Nicolas Sarkozy está en marcha como no lo había desde hace más de una década y tiene perfectos visos de sintonía tanto con la Casa Blanca como con el nuevo Congreso en Washington. Gordon Brown o George Cameron van a ser con seguridad un perfecto pie del trípode, gane quien gane en su día. La presidencia alemana acaba de celebrar una cumbre con los ministros de Asia, los líderes norteamericanos no dejan de llegar a las capitales europeas y la administración Bush siempre reacia, ya no es obtusa en cuestiones de medidas sobre el cambio climático. Rusia tendrá que recapacitar sobre su actitud porque todo indica que a Putin se le han acabado las ostentaciones de prepotencia. Empieza a haber una coordinación entre europeos para demostrarle al nuevo Kremlin de viejos hábitos que no puede portarse ni en casa ni fuera como un «hooligan» con Polonio 21. Y si Washington no ha estado muy acertado en negociar de forma bilateral con miembros europeos de la OTAN la creación de un escudo antimisiles, Rusia sabe muy bien que este programa no se dirige contra él. Por eso su lanzamiento de un misil estratégico en los últimos días es una nueva ocurrencia muy definitoria del carácter actual del Kremlin.
Y España en Bavia. Porque quienes vienen como Sarkozy mañana, le tienen tan cogida la medida y tan perdido el respeto a este Gobierno como cualquier jefe de policía de un país subsahariano con costa o sin ella. Nuestra democracia se dedica a jugar a proyectos milagreros de experimentación social tercermundistas que nada tienen que ver con la democracia, la dignidad y la libertad individual y los derechos humanos. Y acaba imitándola en sus actitudes hacia dentro y hacia fuera. Por eso tiene toda la razón la secretaria de Estado Condoleeza Rice cuando expone su sorpresa por el abismal contraste que demuestra el actual Gobierno español entre la solidaridad negada a los presos y perseguidos en las dictaduras actuales y su graciosa mitología de hipersensibilidad infinita ante cualquier preso y represaliado del pasado que le pueda ser conveniente recordar o inventar. Por eso desespera e indigna que nos insulte el Gobierno español con supuestas negociaciones sobre derechos humanos en Cuba. Como en España con el llamado proceso de paz, nos han convencido ya de que son más veraces los delincuentes políticos, dictadores o terroristas como Chávez, Pérez Roque u Otegui que el Gobierno legítimo de los españoles. Angustia que el señor ministro Miguel Ángel Moratinos no haya convocado todavía al embajador venezolano para explicarle que para tener buenas relaciones con la democracia española, su país no puede aplastar las libertades de sus ciudadanos. En Caracas son heridos de bala estudiantes que se manifiestan contra el obsceno atropello a sus libertades y a la democracia que supone la liquidación de una televisión libre y la amenaza generalizada contra los demás medios.
Y apabulla la actitud española, tras el brote claramente antisemita del socialismo español del pasado verano, ante la situación en los territorios ocupados en Palestina donde facciones terroristas diversas, luchando entre sí, organizan competiciones para ganarse el humor del público matando civiles israelíes en poblaciones cercanas a Gaza. Dos comunicados ha hecho ese ministerio enfadado y en ninguno se le ha ocurrido citar los cohetes que atacan Israel sin provocación alguna.
En Heiligenstamm, en el Báltico, donde la burguesía del ocaso del Imperio Guillermino, Weimar, después los nazis y por supuesto los comunistas, montaron sus playas desangeladas y sus balnearios, se celebra la próxima semana la cumbre de los G-8. Allí se reúnen líderes de los países más poderosos para cambiar el curso de los acontecimientos. Dirigen países muy distintos con intereses diversos y muchas veces enfrentados. Y sin embargo electos todos buscan fórmulas de mejorar este sistema de libertades que tan prósperos y libres han hecho a tantos millones de habitantes de este mundo. Sus enemigos, tan de moda, son producto de esa libertad que sus sociedades generan pero la destruirían con una mínima victoria, incluso parcial. La mamarrachada de uso tan común últimamente en España de que la grandeza de la democracia es aceptar a todos sus enemigos con todos sus métodos a cualquier precio es una estafa más del totalitarismo como tantas habidas en el trágico siglo XX.
En España, hace 25 años cuando tuvimos la suerte y el honor de ingresar en la OTAN, hubo muchas dudas sobre la necesidad del alineamiento político y militar, con sus costes inevitables e imprescindibles, con las grandes democracias del mundo. Se hizo gracias a Felipe González. Con un éxito, por cierto, que solo los peores necios e insensatos se atrevieron a lamentar. Peor es que tantos años después de comprobada la profunda razón política y moral que llevó a los socialistas españoles a adherirse al compromiso de la defensa de Occidente, el odio primario e ideológico en contra de esos valores se haya convertido en bandera de quienes han jurado defender nuestra propia democracia, su integridad y seguridad.

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