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sábado, mayo 05, 2007

Modernidad socialista.


1993 ...

Modernidad socialista (Gabriel Albiac)
http://www.larazon.es

Una amalgama sabia de corrupción y terror de Estado define la refundación del socialismo español, puesta en pie por Felipe González Márquez en los años del GAL y de Filesa. No era apuesta arbitraria. Ni simple degeneración anímica. No sólo. Sin la determinación de una necesidad férrea, nada tiene eficacia. Ni nadie, pienso yo, es tan malvado como para enfangarse por sólo placer en eso.
Era coherente, era necesario. Una rígida profesionalización de la política se estaba consumando en esos años. Sus agentes afrontaban un riesgo: el de estrellarse contra una sociedad más que harta de ellos. Su respuesta fue trocarse en casta. Era eso o morir por abandono. Los términos del envite resultaban duros. Demasiado, para gentes que difícilmente hubieran podido malvivir fuera de cargos (de sueldos) oficiales.
La corrupción no ha sido nunca un accidente. Para que un partido pueda vivir de las cuotas de sus afiliados se requiere una gran fe de éstos. Y una anacrónica honradez, y casi un ascético sacerdocio, por parte de sus dirigentes. Ni lo uno ni lo otro son hoy hipótesis verosímiles. Era imprescindible, pues, dar con una seria financiación alternativa. Los presupuestos públicos, por supuesto. Que por ley fuerzan, sin darle opción, al ciudadano no afiliado a incluir en sus impuestos el pago de sujetos y partidos a los cuales, con la mayor frecuencia, desprecia. No bastaba.
Decía Robespierre que sólo hay dos fuerzas materialmente constituyentes: la corrupción o el terror. Él pensaba que ambas se excluían mutuamente. La aportación esencial de Felipe González Márquez al socialismo español, dos siglos luego, fue hacerlas complementarias. Vera, Roldán, Filesa, Barrionuevo y todos los que no cayeron ni caerán nunca en las manos de los jueces, tejieron una red de robo metódico, minucioso, eficiente, moderno. Merced, entre otras cosas, a la opaca cobertura y feliz coartada que daba la retórica «antiterrorista» a todo. Al abrigo de los asesinatos y secuestros del GAL, el dinero se volatilizaba por todas las junturas y alcantarillas del Estado. Desde los gangsteriles fondos reservados de Interior hasta las muy domésticas aportaciones que, a cambio de recalificar el suelo (esto es, de multiplicar su precio a la medida), iban -van- soltando los grandes -y pequeños- constructores a autoridades municipales que enriquecían -enriquecen- noblemente su cuenta corriente a la par que la de su partido. Estaba además en la Constitución del 78, aquello de que las recalificaciones fueran arbitrio exclusivo de los caciques municipales. No había riesgo de interferencia. Nada da más estabilidad a un régimen que una corrupción constitucional bien hecha.
... 2006, mismos perros, mismos collares.

De ahí viene don José Luis Rodríguez Zapatero. Y quienes, junto a él, cazaron Secretaría General y candidatura en un congreso que decidieron los votos de la mafia del ladrillo socialista madrileño. González tuvo GAL (con parada en Argelia) y Filesa. Zapatero, «Proceso» vasco (con parón en Barajas) y constructores. Ibicencos u otros. ETA es la gran humareda que camufla el dulzón olor del dinero. Nada cambia. Porque nada es arbitrario.


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