Sentir, luchar, vencer ... podemos

sábado, abril 05, 2008

Hashomer Hayisraeli Hahadash



Los nuevos guardianes de Israel
por Caroline B. Glick (http://www.elreloj.com/)

Moshav Tzipori, en la Baja Galilea, es un microcosmos de la historia de la Tierra de Israel. Capital regional bajo el Rey Herodes, fue la referencia de la enseñanza judía y la preservación de la Torah durante algunos de los periodos de mayor inquietud de historia judía.
Después de que los romanos destruyeran el Segundo Templo de Jerusalén en el 70 d.C., los refugiados procedentes de Jerusalén huyeron a la ciudad de Galilea. El rabino Yehuda Hanassi, que dirigía la redacción de la Mishna o ley moral, se desplazó a Tzipori desde Beit Shearim y fue allí donde codificó los 6 libros de la Mishna y falleció.
Los judíos de Tzipori se revolvieron contra el emperador romano Constantino, negándose a aceptar el cristianismo, y la ciudad fue destruida. Los judíos volvieron más tarde durante el periodo islámico. De manera intermitente durante el milenio siguiente, los judíos se asentaron, fueron expulsados por la fuerza, y reasentaron la ciudad en diversas ocasiones bajo los diversos conquistadores de Israel.
Durante la Guerra de Independencia de 1948, la antigua ciudad fue el enclave de una importante batalla entre las nuevas Fuerzas de Defensa de Israel y las aldeas árabes colindantes, ayudadas por las fuerzas procedentes de Siria y Líbano. Los árabes fueron obligados a retirarse. En 1949 se fundaba Moshav Tzipori.

LA TARDE DEL PASADO VIERNES, la lucha por el control judío de Tzipori, Galilea y la Tierra de Israel en conjunto continuaba sobre el antiguo territorio. En esa tranquila tarde de Purim, bajo un sol de justicia, 3 caballos pastaban a su aire por un campo de arbustos y forraje. El único problema de la escena por lo demás pastoral era que los caballos pertenecen a ocupantes ilegales árabes procedentes del clan Kablawi. En los últimos años, los Kablawi se han construido un asentamiento ilegal de alrededor de 20 casas disfrazadas de contenedores sobre terreno robado al Fondo Nacional Judío junto a los cultivos de Tzipori. Los caballos, que entraron a través de un agujero practicado a la barrera del campo, corretearon y comieron destruyendo el sembrado cultivado dolorosamente por los granjeros de la cooperativa israelí.
Los granjeros y los rancheros de Galilea, al igual que sus homólogos del Neguev, se encuentran al límite de sus posibilidades. Temerosos de disturbios árabes o de la condena política por parte de la izquierda israelí, los líderes árabes, el Movimiento Islámico y sus aliados en el extranjero, la policía y los fiscales del estado simplemente han dejado de implementar el estado de derecho sobre los árabes de Galilea y el Neguev. Rodeados de cada vez más aldeas árabes y beduinas ilegales y hostiles, los cultivos y el ganado de los judíos locales son saqueados de manera continua.

Ellos se enfrentan a tres opciones igualmente inaceptables a la hora de tratar esta situación. Pueden no hacer nada y dejar que su sustento y el trabajo de su vida sean destruidos. Pueden pagar la extorsión en concepto de protección a las bandas criminales árabes, que a cambio acceden a no robarles. O pueden intentar vender su territorio y dejar la agricultura de golpe.
El recurso obvio -- presentar una denuncia a la policía -- es un ejercicio de futilidad. Miles de denuncias son presentadas todos los años. Casi ninguna de ellas acaba en detenciones o juicios. La mayor parte de los casos son cerrados por la policía a causa de "ausencia de interés público".
EL VIERNES, el terreno en cuestión pertenecía a un ganadero llamado Haim Z. A lo largo de los últimos años, Haim ha presentado más de 250 denuncias contra árabes locales de la familia Kablawi y de las aldeas árabes vecinas, como el enclave islamista Mashad. Ninguna llegó nunca a ninguna parte. El año pasado, un funcionario de policía solícito recomendó a Haim que simplemente empezase a pagar la tarifa de protección.
El año pasado, Haim le dijo a su hijo que tenía que ocuparse. Hijo de una generación fundadora de las cooperativas israelíes, Haim decía que simplemente ya no podía seguir. La negativa del estado a proteger los derechos a la propiedad de los judíos le había obligado a dedicar todas sus energías a jugar al gato y al ratón con los saqueadores árabes. Ya no podía invertir en su ganado. Ya no podía cultivar sus tierras. Todo lo que podía hacer era sentarse y cruzarse de manos cada año mientras su tierra era saqueada, su ganado robado y el trabajo de su vida y la vida de su padre era destruido.

SU HIJO, un soldado de 23 años de edad de una de las unidades de élite del ejército, decidió hacerse cargo no sólo de salvar la granja de su padre, sino de detener la oleada de violaciones árabes de derechos a la propiedad y territorio judíos. Debido a su situación en el ejército, su nombre está clasificado. Le llamaré J. -- por aquello de judío.
En respuesta a la desesperación de su padre, J. se llevó un contenedor a una colina con vistas a los terrenos de Tzipori, las aldeas árabes ilegales circundantes y los accesos por carretera a los campos de la cooperativa. Dispuso un sofá, una librería llena de libros de historia judía, textos religiosos, y clásicos de la filosofía, y acumuló comida dentro y se mudó durante los permisos del ejército. En lugar de salir de marcha con sus amigos, empezó a montar guardia. Confrontó a cada árabe que sorprendió infiltrándose en los campos de la cooperativa, y ambos presentaban denuncias a la policía y los expulsaron.
Teniendo en cuenta su imposible calendario, J. alistó la ayuda de sus amigos. Los hijos de los demás granjeros desesperados, que también prestan servicio en unidades de combate, se unieron con entusiasmo. En cuestión de meses, J. había montado una organización de más de un centenar de jóvenes voluntarios -- soldados, universitarios y estudiantes de instituto procedentes de su cooperativa, aparte de otros granjeros de la baja Galilea y las comunidades no agrícolas circundantes.

Llamó a la organización Hashomer Hayisraeli Hahadash - o los Nuevos Guardianes Israelíes. El Hashomer -- Guardianes -- original fue establecido en Galilea en 1909 para el mismo propósito -- proteger a las comunidades agrícolas judías de los ladrones árabes que exigían dinero en concepto de protección a los granjeros. Fue el progenitor de la Haganah, que a su vez se convirtió en las Fuerzas de Defensa de Israel.
En palabras de J., "No somos simplemente un servicio de seguridad. Nosotros nos vemos como un movimiento nuevo. Nuestras actividades descansan sobre tres pilares: seguridad del terreno, expandir nuestras operaciones por toda Galilea y el Neguev, y enseñar los valores sionistas y judíos a nuestros miembros, nuestras comunidades y el público en general".

TZIPORI, Una de las escalas del [circuito turístico] Cross Israel Hiking Trail, es un destino popular de grupos escolares, grupos de jóvenes o simplemente aficionados a pasear. J. ha organizado visitas de aficionados a la marcha atlética a su garita durante el pasado año. Durante sus visitas, los aficionados escuchan relatos sobre los Nuevos Guardianes, sobre la historia judía de Galilea y la promoción agrícola en la zona, y temas de historias de interés general contadas por residentes, políticos y profesores locales.
La tarde del viernes, tras observar otra incursión en los terrenos de su padre, J. llamó a la policía de la comisaría de Nazaret. Flanqueado por dos de sus guardianes, que también son hijos de granjeros y soldados de unidades de comando, esperaron al sol durante más de una hora a que llegase la policía y planearon sus movimientos. Se acercaron a los caballos con riendas y fustas.
"Cogeremos los caballos y los llevaremos a nuestro establo. Si los Kablawi se hacen cargo de los daños materiales causados, entonces los devolveremos. Si no, los venderemos", explicaba J.
Al aproximarse los jóvenes a los caballos, Yasser Kablawi, el cabecilla del clan, hizo acto de presencia. Según Haim, durante el año pasado, los Kablawi irrumpieron en sus campos con sus animales en más de 20 ocasiones.
Haim, que llegó al escenario alrededor de 10 minutos antes de que la policía hiciera su gran aparición, se volvió hacia Kablawi y dijo, "¿por qué haces esto?”
"Este terreno pertenece al Fondo Nacional Judío, no a ti", dijo Kablawi.
"¿Por qué mientes? Estuve en tu casa hace meses con el inspector del Fondo Nacional, y él te dijo directamente que este terreno es mío. Sabes que me estás robando, y lo estás haciendo a la vez que ocupas ilegalmente terrenos del Fondo Nacional. Me has provocado daños por valor de decenas de miles de shekels solamente allanando mis propiedades hoy, y lo sabes".
Para cuando se presentó la policía, J. y sus amigos ya habían sujetado a uno de los caballos. Kablawi estaba acompañado de tres nietos y cuatro hijos. J. estaba acompañado de otros siete Guardianes. Era un empate.
LA POLICÍA, informada de la presencia de una periodista en la escena, actuó con cierta resolución. Tras hablar con el inspector del Fondo Nacional Judío, explicó a Kablawi que podía bien firmar una declaración reconociendo que el terreno pertenece a Haim y que será detenido si allana la propiedad de nuevo, o bien permitir que Haim se quedase con sus caballos. Kablawi firmó.

El activismo de J. no es simplemente una iniciativa a título personal para salvar de la ruina económica a su padre. "Si fuera solamente conmigo y mi familia, mi hermano y yo podríamos ocuparnos de los ladrones. Nos dejarían en paz. Pero a continuación pasarían a asaltar a nuestros vecinos. Esto no tiene que ver con una familia. Esto es una cuestión de control sobre el territorio de Israel. El estado es débil. Necesitamos ser fuertes si queremos permanecer aquí".
El mes pasado, J. registraba a los Guardianes como organización sin ánimo de lucro. Tiene una gran visión de futuro.
"En cuestión de apenas unos cuantos meses, he traído a miles de personas, les he explicado nuestra misión. Tengo más de 100 guardias voluntarios. Hemos reducido los robos en más del 80%”.
"Quiero recaudar dinero para comprar gafas de visión nocturna y algunos vehículos todoterreno para realizar patrullas en condiciones. Me gustaría poder dar becas a estudiantes de modo que puedan vigilar y estudiar al mismo tiempo. He estado en contacto con granjeros y rancheros del Neguev y están impacientes porque nos expandamos al sur. Pienso que en cuestión de 5 años, los guardianes podrán poner fin a la extorsión en concepto de protección".

ALLÁ POR junio de 2005, el entonces vice premier Ehud Olmert daba su opinión del pueblo israelí a una audiencia americana. "Estamos cansados de luchar, estamos cansados de ser valientes, estamos cansados de ganar, estamos cansados de derrotar a nuestros enemigos", se quejaba.

Los jóvenes como J. y sus colegas, hijos e hijas judíos seculares de granjeros de Galilea y el Neguev, al igual que sus amigos religiosos, demuestran todos los días que Olmert no habla por sus paisanos. Independientemente de los desastres que Olmert y sus colegas del gobierno aún logren provocar antes de ser expulsados del cargo definitivamente, está absolutamente claro que estos jóvenes y millones como ellos están dispuestos a, y son capaces de, eliminar las actividades ilegales por sí mismos, por sus paisanos, y por la próxima generación de judíos en la tierra de Israel.
Cuando el estado se inhibe, cuando el gobierno no protege a los ciudadanos, cuando la policía ampara a los delincuentes, cuando los políticos no cumplen la ley, solo queda la autodefensa. Como dice el artículo solo el esfuerzo de jóvenes como J. puede evitar el desastre al que Olmert y su cuadrilla pretenden llevar a Israel.

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