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viernes, marzo 28, 2008

Voluntarios judíos en la Guerra Civil Española

Como decía en un post anterior no está mal que recordemos la participación de judíos en las Brigadas Internacionales luchando contra el fascismo. Sobre todo en esta época en la que los progres de pacotilla se empeñan en atacar a Israel y a los judíos a la vez que defienden, con toda la visceralidad de que son capaces, a todo aquel tirano y terrorista que en nombre del islam están dispuestos a arrasar con nuestra libertad y con todos los progresos conseguidos por la civilización.
Por cierto ¿recuerdan en que bando combatieron los musulmanes? ¿se han olvidado de la Guardia Mora de Franco? yo los vi desfilar muchos años después en aquellos patéticos desfiles del día de la victoria.



Los siguientes datos han sido extraidos del documento
¡NO PASARÁN!
Las Brigadas Internacionales en la guerra civil española 1936-1939 y sus voluntarios judíos
publicado por la
Biblioteca Nacional y Universitaria, Guivat Ram
Universidad Hebrea de Jerusalén
Instituto Avraham Harman de Judaísmo Contemporáneo
División para América Latina, España y Portugal

Las BB II y su estructura
El número de extranjeros que llegaron a España a luchar del lado de la República es muy discutido, pero parece cifrarse en torno a los 40.000. Los más numerosos fueron los franceses (unos 10.000); les siguieron los alemanes, los italianos y los polacos (unos 5.000). De Estados Unidos llegaron unos 3.500 y de Bélgica y Gran Bretaña 3.000; 2.500 checos y canadienses, 1.500 húngaros, austriacos y yugoeslavos y 1.000 cubanos. A ellos hay que añadirles pequeños contingentes de, más o menos, otros cuarenta países. La mayoría de los que tenían afiliación política definida eran comunistas. Muchos llegaron por convicción ideológica, pero los hubo también empujados por la grave crisis económica mundial y el paro o incluso por simple afán de aventura. La adaptación a la vida castrense no fue fácil y no faltaron casos de motines y deserciones.
Hubo una alta proporción de judíos, especialmente entre los polacos, alemanes y estadounidenses. En total, se calcula que los judíos constituían el 15% de los voluntarios y ese porcentaje es mucho mayor en los servicios médicos.
La estructura y composición interna de las BB II variaron muchas veces entre octubre
de 1936, cuando fueron creadas, y principios de 1938 cuando se les dio una forma más
definitiva. Sus organizadores, André Marty y el comisario político general Luigi Longo, fueron agrupando a los voluntarios por idiomas y procedencias y ése es el criterio que teminaría por imponerse aunque con numerosas excepciones.

El periplo de las BB II se inició el 8 de noviembre con su entrada en fuego en el frente de defensa de Madrid. Después, participarían en todas las acciones mayores del ejército republicano del que formaban parte integrante, tal como lo demuestra
el mapa de las batallas en que intervinieron. Las armas que recibieron fueron, en muchas ocasiones, escasas y anticuadas y el entrenamiento, en un primer momento, muy deficiente.
La disciplina militar, ajena a su ideología humanista y revolucionaria, exasperó a muchos de ellos y las numerosas bajas en los campos de batalla, no todas inevitables, hicieron cundir, en ocasiones, la desilusión y el desánimo. A pesar de esos momentos de desaliento, los voluntarios que tenían una sólida convicción ideológica en que apoyarse supieron estar en general a la altura del compromiso antifascista que los había llevado a luchar en España.

La compañía “Naftalí Botwin” (XIII Brigada)
En diciembre de 1937, catorce meses después de crearse las BB II, la segunda compañía
del Batallón Palafox quedó designada como compañía judía y recibió el nombre de Naftalí Botwin, un comunista judío polaco ajusticiado en 1925 por haber dado muerte a un infiltrado en las filas del partido. La compañía se creó cuando los polacos, que habían conseguido tras muchas presiones tener su propia brigada en verano de ese año (la XIII Brigada Dombrowski), formaron en ella dos compañías para las minorías judía y ucraniana.
La fuerza de las BB II, por otra parte, se había ido aminorando debido a las cuantiosas bajas y al corte en el flujo de voluntarios, y la creación de una compañía judía, en este contexto, parece haber sido considerada por las altas jerarquías de las BB II, ante todo, como una operación propagandística. El objetivo se logró: la compañía Botwin, con su bandera, su periódico y su coro con repertorio en yídish, se convirtió, a pesar de sus reducidos efectivos, en símbolo de la participación judía en la guerra de España y obtuvo un eco resonante en parte del mundo judío.

Los voluntarios de Eretz-Israel
La guerra de España estalló unos cuatro meses después del inicio en Eretz-Israel de una serie de disturbios árabes contra la población judía en que tanto ésta como las autoridades mandatarias tuvieron que hacer frente a una oleada de terror y de violencia. Los partidos encuadrados en la Unión general de trabajadores judíos (Histadrut) simpatizaron en bloque con la República y promovieron las cuestaciones y
campañas de información en pro de la España combatiente, pero sin favorecer, antes al contrario, la participación activa de sus afiliados en la lucha; los voluntarios procedentes de la izquierda sionista, que estaban encuadrados sobre todo en Hashomer Hatzair y Poalei Zion, fueron, por lo tanto, relativamente escasos.
De la derecha sionista sólo conocemos un voluntario, Salman Salzman. Para los miembroso simpatizantes del ilegal PKP (Partido Comunista de Palestina) la situación era diferente. La difícil disyuntiva en que los ponía el apoyo de los comunistas árabes a los actos terroristas contra los judíos y la “arabización” de los cuadros promovida por la URSS, hizo que, para muchos de ellos, el voluntariado en España se presentara como una solución que les permitía demarcarse de la situación inmediata en el país y resultaba, a la vez, ideológicamente satisfactoria. Las autoridades mandatarias apoyarían esta opción poniendo incluso en libertad a algunos militantes encarcelados por sus actividades políticas, a cambio de que se marcharan como voluntarios a los frentes españoles. En total, el número de eretz-israelíes, es decir, de combatientes que llegaron a España procedentes de Palestina o que estaban estudiando temporalmente en Europa, se calcula en unos 180, incluidos unos 13armenios, 6 árabes y un ruso cristiano.

Los brigadistas recuerdan
Una buena parte de los brigadistas escribe sus memorias a una edad ya avanzada. Las
desilusiones ideológicas, el desmoronamiento para muchos de ellos de la URSS como
modelo político ideal y otras experiencias históricas después de la Segunda Guerra Mundial, determinan a posteriori su forma de mirar al pasado. En los libros de voluntarios judios, la Shoa late en ocasiones como telón de fondo dando a la lucha antifascista internacionalista de los treinta un sentido que quizás no tuviera, o no, por lo menos, de esa forma, cuando se produjo. Y, si se habla de los polacos, esta experiencia ineludible suele ir acompañada de una amarga decepción con respecto a un sistema que permitiría, en la época de Gomulka, la ola de antisemitismo que obligó a muchos de ellos a abandonar el país que hasta entonces habían considerado como suyo. Pero sea cual sea su trayectoria, España suele quedar fuera del ajuste de cuentas y los brigadistas conservarán, en general, un recuerdo positivo de su intervención en la guerra.

Homenajes y retrospectiva
La acogida deparada a los ex-voluntarios de la libertad a su vuelta a casa no siempre fue calurosa. En ciertas democracias occidentales, su militancia de izquierdas y el hecho de haber formado parte de una empresa organizada por los comunistas, hizo que en la Segunda Guerra Mundial no se les dejara ni siquiera llegar al frente. En la URSS estalinista, a muchos consejeros y ex-voluntarios les esperaban las purgas y largas estancias en el Gulag. En otros países de Europa oriental, después de la guerra mundial y tras un primer momento en que no pocos de ellos lograron puestos de gran responsabilidad en el gobierno, tampoco corrieron mejor suerte.
En España misma, que tras la muerte de Franco en 1976 se convirtió en monarquía parlamentaria, les aguardaba en 1986, cincuentenario de la guerra civil y de la creación de las BB II, una recepción algo tibia a cargo del Partido Socialista en el poder. Sólo diez años más tarde, tras recaer el gobierno en una derecha ansiosa por demarcarse del lastre de la herencia franquista, les fue concedida la posilidad de optar por la ciudadanía española que había sido votada poco antes por unanimidad en el parlamento.

“In Memoriam. Aquí yacen los voluntarios judíos heroicamente caídos en Madrid en el transcurso de la guerra civil española en defensa de la libertad (1936-1937). La vuestra y la nuestra” reza la lápida en honor de los brigadistas judíos inaugurada en 1988 en el cementerio de Fuencarral (Madrid) con la presencia de Shlomo Ben Ami, entonces embajador de Israel en España, Salman Salzman, presidente de la Asociación de voluntarios de las Brigadas Internacionales en España (1936-1939), y un representante del ayuntamiento de Madrid. La lápida lleva el nombre de quince combatientes caídos en la defensa de la capital, a los que se añadieron posteriormente otros cuatro.

El monumento del cementerio de Montjuich (Barcelona) en honor a los brigadistas judíos tiene forma de Estrella de David y citas de Luigi Longo, primer comisario general de las BB II, y del entonces presidente del Estado de Israel Haim Herzog. Se inauguró en 1990 por iniciativa de un grupo de brigadistas judíos, encabezados por Bernard (Dov) Liebermann.

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1 comentarios:

  • Shalom

    Fue el jueves pasado que hablando con una amiga historiadora, que me entere que en las Brigadas internacionales que vinieron a luchar en la guerra civil, había una brigada formada por judíos. por eso es que ahora desde a qui quiero darles las gracias y guardar un emotivo recuerdo por los muertos por defender la libertad
    Gracias

    De Anonymous Anónimo, A las 2/06/2010 11:31 p. m.  

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