Sentir, luchar, vencer ... podemos

martes, marzo 11, 2008

Continuar hasta la victoria

Adelante, aunque no nos guste
Por Mario Wainstein (http://noti.hebreos.net/)

Los judíos observantes cumplen con una larga serie de preceptos y son llamados a cumplir con todos por igual, los “grandes” y los “pequeños”, ya que “no sabes cuál es el premio por el cumplimiento de cada uno”.
Sin embargo, hay un precepto que supera a casi todos los demás: la preservación de la vida. Si para salvar tu vida es necesario que violes la santidad del sábado, debes hacerlo: violarás un sábado para preservar a muchos otros, determinaron los sabios. Si estás enfermo y el médico te dice que es peligroso que ayunes en Iom Kipur, tienes prohibido el ayuno.
¿Pero qué pasa cuando alguien te amenaza de muerte y te obliga, por ejemplo, a comer carne de cerdo delante de otros, para demostrar que a pesar de ser judío comes alimentos prohibidos? Teóricamente, deberías comer la carne y salvar tu vida. Pero no es así. Los sabios han determinado que en ese caso es preferible ser matado y no transgredir los preceptos.
Es que alguien ha descubierto el punto débil y lo utiliza a su favor, para desmerecer a Israel, a su Dios, a su credo, o para lo que sea.
Los soldados de Tzahal tienen prohibido, por la propia ley israelí que fue aplicada por el juez Benjamín Halevy en 1957, disparar a civiles aunque se les ordene hacerlo. La orden impartida es “obviamente ilegal” y por lo tanto quien la acate, no sólo quien la imparta, asume la responsabilidad penal por ese acto. Cuando en julio de 2002 Israel abatió al terrorista Salah Shjade, jefe del brazo armado de Hamás, arrojando una bomba de una tonelada desde un avión, lo que provocó la muerte de su ayudante y otros 14 civiles, 11 de ellos niños, el entonces jefe de la Fuerza Aérea Dan Jalutz tuvo que alegar que no sabían de la presencia de dichos civiles y que, en caso de saberlo, no se hubiera llevado a cabo la operación.
Hamás conoce perfectamente la situación. Aprendió también muy bien la lección mediática de la Guerra del Líbano. En Gaza, por ejemplo, hay una versión local de aquella serie británica que se titulaba “Los de arriba, los de abajo”. Se trata de un edificio de ocho pisos: en los cuatro primeros hay cuarteles de Hamás con puestos de tiro. En los cuatro superiores viven familias. Los soldados israelíes deben elegir entre dar a los terroristas la libertad de matar con un salvoconducto que los inmuniza y les da acceso a la impunidad, o reaccionar y disparar a ese edificio, corriendo el riesgo de matar a los civiles, entre ellos seguramente niños.
Israel, gracias a Dios, tiene perdida la guerra mediática, porque para ganarla hay que mostrar víctimas mortales, sangre, niños muertos y el producto escasea en Israel. El error está en dar el alerta para que la gente busque refugio, en no poner a los niños al frente desguarnecidos.
Hay quienes creen que la actitud palestina de sacrificar sus vidas y la de sus hijos es una muestra de heroísmo, cuando en realidad constituye una prueba de crueldad y de absoluto desprecio por la vida. Son ellos quienes debían haber inventado la consigna “viva la muerte” y son los enceguecidos izquierdistas maníqueos quienes corren a abrazar a los fascistas más recalcitrantes de estos tiempos: nacionalistas, fanáticos religiosos, antisemitas, fundamentalistas.
A ellos todo les está permitido. Pueden comprar y vender mujeres, vivir en poligamia, porque es “su cultura”; pueden también lapidar mujeres adúlteras u homosexuales, y cercenar sin más trámite las extremidades de un ladrón. Pueden enviar niños al frente y pueden matar niños ajenos. Ellos son los pobres, las víctimas, los expoliados. La culpa de todo la tiene la ocupación.
Antes de la Guerra de 1967 no había territorios ocupados, pero sí había acciones terroristas. Nadie exigía por entonces la creación de un Estado palestino en Cisjordania, dominada por Jordania, ni en Gaza, en poder de Egipto. Se exigía a Israel y no a Jordania o Egipto la liberación de los territorios palestinos. Alguien podría suponer que se trataba de territorios ocupados por Israel en la Guerra de 1948.
¿De qué guerra? ¿Acaso esa guerra la inició Israel? No, claro, fue también una guerra que comenzaron los palestinos (que por entonces ni siquiera tenían ese nombre) y la siguieron, después de declarada la independencia, los demás países árabes. ¿De qué territorios ocupados se hablaba entonces? De los que los judíos habían adquirido con su dinero a precios desmesurados, y habían puesto en condiciones de cultivo y de vida con enormes sacrificios: desecando pantanos en Hadera y lavando la tierra en el Mar Muerto. La Conquista del Desierto en la epopeya sionista no fue matar indios sino ganar espacios verdes palmo a palmo.
Esa guerra no ha cesado ni cambiado. Su objetivo desde el lado palestino sigue siendo la de arrojar a los judíos al mar. No es cierto que aspiren a un Estado al lado de Israel, sino en su lugar. En realidad, están dispuestos a renunciar a un Estado independiente con tal de eliminar al israelí. No estoy revelando secretos y conjeturando teorías: es lo que Hamás y sus allegados dicen explícitamente y lo que hacen en el terreno de los hechos. El pobre Shimón Peres, que ha hecho por la causa de los palestinos mucho más que la mayoría de sus gobernantes, movilizó a medio mundo para dejar en manos de ellos los sofisticados invernaderos de los colonos israelíes de Gaza, que eran una fuente de trabajo y de riqueza. Los invernaderos duraron lo que un suspiro. No eran hortalizas lo que querían en ese lugar, sino lanzaderas de cohetes.
Todos los que acusan y acusarán a Israel de reaccionar en forma desmedida, para lo cual no importa cuál sea esa reacción, nos proponen una alternativa que tiene una única lectura: un suicidio colectivo como nación, similar al de Masada. Nos sugieren, por ejemplo, que dialoguemos con Hamás y lleguemos a un acuerdo. Se trata de una tregua, a la cual Hamás está dispuesto.
Israel debe padecer de una ceguera muy aguda para acceder a ese pedido: cada vez que se llegó en el pasado a una tregua de ese tipo -y con Hamás se puede hablar sólo de treguas, no de acuerdos de paz, que rechazan de plano- el resultado fue una nueva guerra al cabo de un tiempo no muy largo, pero con la organización mejor pertrechada y organizada, con armas cada vez más sofisticadas. La última tregua a pedido de Hamás fue cuando Israel fue abatiendo a los líderes, y en ese momento tenían apenas los Kassam. Ahora tienen un arsenal que llega cómodamente a Áshkelon y bastará otra tregua para que lleguen de igual manera a Ashdod.
Personalmente, no sé cuáles son los mejores medios militares para derrotar a Hamás. Sólo sé que ése debe ser el objetivo y que en el camino a lograrlo Israel debe desoír las voces de críticas y condenas, que no le ofrecen ninguna alternativa y sugieren que los bombardeos al Neguev deben ser recibidos con resignación y quizás también con amor. Esos bombardeos por lo visto son proporcionados y en todo caso lo único que merecen es una advertencia y un reto moviendo el dedo índice en forma amenazante: eso no se hace.
Si para defender nuestra elemental soberanía y nuestras vidas se debe reinvadir Gaza, habrá que hacerlo. Se pondrá cuidado en no dañar civiles, aunque muchos de ellos pagarán con sus vidas. Los israelíes lo lamentaremos sinceramente, pero deberemos continuar hasta la victoria. Ellos cada vez que logran matar a nuestros niños reparten golosinas en sus ciudades para festejarlo. El mundo lo entiende y lo apoya.

En este video (subtitulado en inglés) podemos ver como Hamás utiliza a civiles, en muchos casos niños, como escudos humanos. Sabe aprovechar las limitaciones morales que se autoimpone Israel como arma de guera. Lo peor no es que lo hagan. Lo peor es como nadie desde Eurabia levanta la voz ante eso, ninguno de los que califican de genocidio las muertes en combate.

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