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jueves, septiembre 27, 2007

Los europeos saben poco y mal.


El problema de los europeos con la relación EEUU-Israel

En mi último blog, escribí sobre las dificultades que muchos europeos tienen para entender a Israel. Del mismo modo, he encontrado que a menudo tampoco pueden entender el apoyo de EEUU a Israel.
Más bien que aceptar lo obvio, la gran mayoría de los americanos se identifica con Israel, ellos parecen consolarse con teorías de intriga y manipulación. Es por esto quizás que el nuevo libro de los profesores Stephen Walt y John Mearsheimer, “Lobby de Israel y la Política Exterior estadounidense”, ha sido seleccionado tan rápidamente por los principales editores europeos para su publicación este mes.
Aunque el libro haya sido muy criticado por la mayoría de sus reseñadores americanos, eso mismo servirá como incentivo para aquellos impacientes en creer lo peor sobre la toma de decisiones americanas en cuanto a Israel y al Oriente Medio.
¿Dígame el secreto?, me preguntan mis amigos europeos, estimulados por la notoriedad inicial del libro. ¿Cómo ha logrado “el Lobby” imponer los objetivos de Israel en Washington, contra “los verdaderos intereses de EEUU”, hasta “conducirlo” a la guerra en Irak?
Esperen un segundo, les contesto. Les responderé paso a paso.
Primero, la palabra “lobby” no es peyorativa. Hay miles de lobbys que orgullosamente representan todo tipo de intereses imaginables. Ellos son un pilar de la arena política pública. Alexis de Tocqueville, en su magistral “Democracia en América”, escrita hace 170 años, observó el papel clave desempeñado por las asociaciones voluntarias en la vida pública de la joven nación.
Segundo, entre los lobbys están también aquellos que representan los intereses árabes. Bien financiados, depositan gran confianza en los bufetes de abogados, en los equipos de relaciones públicas, en ex-diplomáticos, en antiguos legisladores, y en oficinas corporativas disponibles para ellos. Y a estos lobbys pro-árabes están afiliados un número creciente de organizaciones árabes y musulmanas de los EE.UU que, como otros grupos, procuran influir en la toma de decisiones y en la opinión pública.
Tercero, no hay un lobby de Israel, lejos de ello. ¿Si existen bromas sobre “dos judíos, tres opiniones”, entonces, por qué debería ser diferente cuándo se refiere al Oriente Medio? Hay grupos activos a la izquierda, en el centro, y a la derecha, cada uno tentando convencer a los legisladores para que sostengan sus particulares puntos de vista. ¿Unos son más grandes y están mejor organizados? Sí, reflejando la realidad de la comunidad judía.
Cuarto, aquellos europeos que desacreditan el poder de los lobbys en Washington, y sobre todo de aquellos que no les gustan, deberían mirar su propio patio trasero.
Bruselas se ha hecho un imán para, literalmente, miles de grupos de presión impacientes por influir en el pensamiento de los eurócratas de la ciudad y de lo expertos en estrategia parlamentaria.
Quinto, los judíos comprenden el 2% de la población americana. Incluso si cada judío estuviera alineado con Israel, algo tan probable como que todos los americanos voten a favor del mismo candidato en las siguientes elecciones, no bastaría para poder explicar el fuerte apoyo de Washington, aunque de ningún modo incondicional, a Israel. Lo que muchos dejan de entender es que la narrativa de Israel, por muchos motivos, ha captado la imaginación de los americanos. Esta es su amplia base de apoyo, no las morbosas teorías de conspiración, la que en última circunstancia explica la posición de EEUU.
Sexto, según las encuestas, los motivos claves del apoyo a Israel incluyen el compromiso de Israel por la democracia, su fiabilidad como aliado, su determinación y sus agallas para defenderse contra aquellos que le intentan destruir, sus contribuciones a la civilización humana, y, lo que no es lo menos importante, la renovación dramática del estado judío después de casi 1.900 años en el exilio.
Séptimo, la mayor parte de los americanos tampoco están tremendamente impresionados con los argumentos contrarios. Durante décadas, los palestinos han estado del lado de los mayores enemigos de EEUU. El terrorismo contra objetivos americanos, desde embajadores a aviones de pasajeros, no les han propiciado el cariño del pueblo americano. Los americanos, que construyeron una sociedad pionera frente a interminables privaciones, han tenido una gran dificultad a la hora de identificarse con aquellos que languidecen durante décadas en campamentos de refugiados mantenidos por la comunidad internacional, en vez de empezar a construir sus nuevas vidas. Los americanos creen que Israel tiene un ansioso y profundo deseo de paz, pero se asombra ante el compromiso de los palestinos.
Les sorprende la ausencia de valores democráticos básicos en todo el mundo árabe, incluso de los derechos de las mujeres, los cristianos y otras minorías religiosas, y el imperio de la ley, y todo esto tampoco les ha ayudado a ganar amigos entre los americanos.
Cuando Arabia Saudita, por ejemplo, lanzó una campaña en los medios sobre los valores compartidos entre Riad y Washington, se hizo complicado vender un país que no deja a las mujeres conducir y que mantiene al cristianismo oculto.
Octavo, cuando mis amigos europeos insisten, ¿”y la alianza profana entre los judíos americanos y la derecha religiosa, de la cual forma parte el presidente Bush”? ¿No explica la verdad del lobby? Les respondo: muchos en la derecha religiosa apoyan realmente a Israel, pero para ello no necesitan a los judíos americanos para persuadirlos. Ellos tienen sus propios motivos. Y se expresan cuando originan, el visto bueno de algunos judíos americanos y la consternación de otros.
Pero aquí, otra vez, hay una falta de comprensión.
No son sólo ellos quienes se identifican con Israel. Muchos otros cristianos también lo hacen. Es un hecho que precede en mucho tiempo al establecimiento de Israel. De hecho, comienza con los primeros pobladores europeos, que apreciaron la Biblia hebrea y el eslabón existente entre los judíos y la Tierra Prometida.
En efecto, John Adams, Ben Franklin y Thomas Jefferson propusieron una imagen del éxodo judío de Egipto como un sello nacional. Y más recientemente, el presidente Harry Truman, muestra esta inspiración con el reconocimiento de Israel once minutos después de su creación.
Michael Beschloss, un gran historiador, lo reseñó en su libro reciente, “Coraje Presidencial”: “Truman era feliz de ser un bautista porque pensó que proporcionaba al hombre común una ruta más corta hacía Dios. Él sabía que muchos bautistas esperaban que los judíos volvieran algún día a su patria, Sion. El salmo favorito de Truman era el 137: “A orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados y llorábamos, acordándonos de Sión.’”
Y el Presidente Bill Clinton, a quien apenas se puede denominar un exponente de la derecha religiosa, dijo con frecuencia que su predicador bautista, antes de su muerte, hizo prometer al joven político de Arkansas que nunca haría nada que dañara a Israel.
Noveno, ¿pero Irak y la influencia “del lobby” para conducir a EEUU a una guerra injusta que puede servir los intereses de Israel, pero no los de EEUU?.
Si ha existido un toque de corneta por parte de los judíos americanos para conducir al país a la guerra, les respondo que me lo perdí. Sí, había judíos americanos, en su función de funcionarios, no de judíos, que se unieron a otros de la Administración Bush en promover las razones para la guerra. Y hubo también algunos fuera del gobierno que la apoyaron. Las ventajas quizás residuales para Israel eran parte de su cálculo, y también para otros países de la región, como Kuwait y Arabia Saudí. Y sí, hubo grupos judíos que apoyaron la decisión de ir a la guerra, pero no todos.
A propósito, las encuestas realizadas, tanto antes como después de la guerra, a judíos americanos señalan que son los más opuestos a la guerra de entre toda la libre opinión del público americano. Y muchos judíos han ocupado lugares prominentes en las filas de los opositores a la guerra.
Mientras tanto, los años previos a esta guerra, funcionarios israelíes, y comenzando por el anterior Primer Ministro Itzjak Rabín, acentuaron que era Irán, y no Irak, quién planteaba la amenaza más grave para el futuro de Israel. Los acontecimientos subsecuentes revelaron que Israel tenía razón en este aspecto.
Y finalmente, mis amigos europeos demasiado a menudo adoptan la noción de que a los americanos se les ha impedido oír otros puntos de vista sobre el Oriente Medio. Si los conocieran, verían la luz. ¡Tonterías! La verdad es que hay más voces a favor de Israel en el debate americano que en Europa, pero esto no impide que las opiniones contrarias sean también oídas. Al contrario, la discusión es continua.
Desde los profesores Walt y Mearsheimer al presidente Jimmy Carter, desde Tony Judt a Noam Chomsky, desde los innumerables discípulos académicos de Edward Said a Norman Finkelstein, y desde los muchos medios que transmiten o publican historias críticas sobre Israel a las voces de otros lobbys opuestos, se crítica a Israel o, en realidad, su misma existencia.
Pero, al final del día, ellos han fracasado a la hora de convencer con sus razonamientos. Quizás porque, cómo dijo una vez el presidente Abraham Lincoln, “Usted puede engañar a toda la gente durante un tiempo, y a un grupo de gente en todo momento, pero usted no puede engañar a todo el mundo constantemente.” Y este es el gran crédito del pueblo americano.

Autor: David Harris
Traducción: Safed-Tzfat - José Antonio (http://noti.hebreos.net/)
Desde eurabia se vende siempre la imagen de Israel como un apéndice de USA. Enorme equivocación fruto de la ignorancia y/o la mala fe.

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1 comentarios:

  • What do you think of Obadiah Shoher's extensive reply to Ed Said at http://samsonblinded.org/titles/edward_said_end_peace_process.htm ?

    De Blogger Nikol, A las 9/30/2007 7:35 p. m.  

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