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miércoles, enero 17, 2007

El avispero palestino

¿Implosión palestina en puerta?
por Samuel Hadas (Analista diplomático. Primer embajador de Israel en España)

El 2007 comenzó para los palestinos de la misma manera en que finalizó el año fenecido: con más violencia y menos -mucho menos- esperanzas de mejorar su situación. El 2006 indudablemente puede ser visto como uno de los más tumultuosos en la historia de los palestinos y el año que acaba de iniciarse, promete por lo visto superarlo. "Con miles de palestinos pasando hambre, Fatah y Hamás batallan unos contra otros con el espectro de la guerra civil a cada paso", escribe Khaled Asmayreh, del periódico egipcio Al Ahram Weekly. La espiral de violencia que ha causado un notorio empeoramiento de la situación en los territorios palestinos, especialmente en la franja de Gaza, es para algunos políticos palestinos el resultado de una "guerra entre organizaciones".

Pero es indudable que sería más adecuado caracterizar lo que está sucediendo en la franja de Gaza como una guerra civil. El sangriento enfrentamiento entre los militantes adictos al gobierno de Hamás y los que responden al partido Fatah del presidente Mahmud Abás, se ha radicalizado como resultado de la convocatoria por parte del presidente a elecciones anticipadas, ante el fracaso de las negociaciones para un gobierno de unidad nacional, resultado principalmente de la negativa de Hamás de renunciar al terrorismo y reconocer a Israel y los acuerdos firmados con nuestro país. Esta convocatoria ha sido calificada por Hamás nada más ni nada menos que un "golpe de Estado", al servicio de Estados Unidos y el "enemigo sionista". El portavoz de Hamás, Fawzi Barhoum, acusó a los dirigentes de Fatah de "sumarse al complot sionista-americano para derribar al gobierno palestino, como un castigo por su negativa a reconocer a Israel".

¿Podrán los palestinos impedir que sigan avanzando el proceso de autodestrucción? ¿Podrán superarse las divergencias entre Fatah y Hamás? Difícilmente. El liderazgo de Hamás, que no tiene intención alguna de renunciar a la islamización de Palestina, está además dividido entre los que sólo estarían dispuestos a aceptar una "tregua prolongada" con Israel, por un lado, y los que consideran que debe continuarse la "lucha armada", aceptando únicamente "treguas tácticas de corto término", por el otro. El establecimiento de un estado palestino transitorio en Cisjordania y Gaza podría ser aceptado siempre y cuando no signifique el reconocimiento del Estado de Israel. Ambos rechazan cualquier acuerdo que signifique la paz con el "enemigo sionista".

Para los dirigentes de Fatah, no solamente se trata de la necesidad de encauzar las negociaciones con Israel, lo que posibilitaría el establecimiento de un Estado propio, cosa que se considera imposible mientras Hamás gobierne la Autoridad Palestina. No se trata, explica uno de sus portavoces, simplemente del poder, sino de un enfrentamiento entre quienes consideran que su futuro debe ser gobernado por reglas de juego seculares y la coexistencia, por un lado y aquellos que propugnan una agenda islamita, que impida la existencia de un gobierno secular y que no ofrezca garantías a las minorías ni esperanza de paz, por el otro.

El presidente Abás no ha logrado establecer en Gaza una base de poder efectivo, mientras que Hamás ha dedicado, desde el momento mismo de asumir el poder, sus mejores esfuerzos, con la ayuda económica y armas proporcionadas por Irán y Siria, no solamente a reforzar sus bandas armadas, sino creando asimismo una nueva fuerza supuestamente oficial, de varios miles de efectivos, la "fuerza auxiliar" o "ejecutiva", a cargo del ministro del interior de Hamás, Siad Siam. Creada, según Hamás, para "mantener el orden en Gaza, paralelamente" a las fuerzas de seguridad controladas por el presidente Abás, ha estado involucrada en la mayoría de los enfrentamientos callejeros con los milicianos de Fatah. Acaba de lograr "récord", asesinando, en su casa, a uno de los jefes militares de la seguridad preventiva, controlada por el presidente Abás, a sus hijos y a sus guardaespaldas. El presidente palestino ha declarado ilegal dicha fuerza (integrada, entre otros, por terroristas de los batallones Azedin al Kasam). Hamás, en lugar de acatar la decisión de su presidente, anunció que duplicará sus filas, anunciando la conscripción de nuevos "reclutas". Servida está de esta manera otra razón para nuevos enfrentamientos violentos.

Abas necesita logros políticos de peso para reforzar su posición en la opinión pública palestina, sobre todo Gaza, donde Hamás tenía hasta ahora prácticamente tomadas las calles (cosa que difícilmente logre conseguirlo de no producirse un avance en el proceso negociador con Israel, lo que no sucederá mientras Hamás no libere al soldado israelí Guilad Shalit, secuestrado medio año atrás y no cese el diario lanzamiento de cohetes desde Gaza sobre poblaciones israelíes, pese a la "tregua" en vigencia). Anticipando un inevitable agravamiento de la situación que bién podría definir la situación en una u otra dirección, el presidente intenta reforzar su posición y la de su partido en Gaza nombrando al carismático y controvertido Mohamed Dahlán, uno de los hombres fuertes de Fatah, anterior jefe de la seguridad preventiva palestina en Gaza, como "comandante en jefe de todos los aparatos de seguridad" palestinos. Unificar los servicios de seguridad es, en las circunstancias actuales, una misión imposible. Dahlán, en uno de los ataques verbales más duros contra Hamás, acaba de categorizar a esta organización como una banda de asesinos y ladrones. La respuesta de Hamás no se hizo esperar, acusándole de fomentar la guerra civil a fin de "implementar los planes de su patrona Condoleezza Rice" (por implicación, "colaboracionista" y para Hamás los colaboracionistas no merecen otra cosa que la pena de muerte)

Fatah, no olvidemos, está profundamente dividido entre la generación de los veteranos dirigentes, llegados muchos de ellos del exilio con Iaser Arafat, como resultado de la firma de los acuerdos de Oslo, y la de la generación joven, surgida en los propios territorios ocupados, no pocos de cuyos miembros conocieron las cárceles israelíes al haber participado en actos de terrorismo. Los veteranos de Fatah se rehúsan a dar participación efectiva en el liderazgo del partido a la joven generación, lo que es motivo de distanciamiento y de continuos enfrentamientos, una de las principales causas de la derrota electoral en las elecciones legislativas de enero de 2006. En estas circunstancias difícilmente Fatah pueda ganar a Hamás la batalla por el poder.

"Si la lucha entre palestinos continúa, el pueblo palestino será el que pague el precio. Se transformarán en guerreros que luchan entre sí y el espíritu de venganza los dominará", acaba de advertir el presidente egipcio Hosni Mubarak. ¿Podrán los dirigentes palestinos anteponer los verdaderos intereses de los palestinos por encima de sus diferencias? Otro interrogante que queda sin respuesta.

En esta confusa situación, el gobierno israelí debe enfrentar desafíos como el proceso negociador con los palestinos; las relaciones con Siria; la amenaza estratégica del fanático régimen teocrático de Irán, empeñado en su carrera armamentista nuclear mientras no oculta su exaltado y disparatado antagonismo hacia Israel; la amenaza representada por Hezbolá, que de un momento a otro podría reanudar sus provocaciones si sus patrones en Teherán y Damasco así lo requieren. El gobierno de Israel no oculta su aspiración de colapsar al gobierno Hamás. Pero lo que Israel necesita hoy en Gaza es calma y estabilidad y un régimen con el que pueda establecer negociaciones creativas para llegar a un acuerdo, lo que por supuesto exigirá concesiones dramáticas. Ello será posible si acepta hacer una distinción entre el gobierno Hamás y la institución presidencial encabezada por Abas, con quién deberá conducir las negociaciones. Queda por ver si los palestinos están preparados para ello.

¿Hay motivo de esperanza? Quizás contribuya en algo a mejorar la situación la posible reaparición en la escena de una diplomacia internacional más activa, como resultado del cambio de guardia en el Congreso de EEUU y el informe Backer-Hamilton, que logre modificar la política plagada de desaciertos de la administración de George W. Bush. A juzgar por la "nueva" política en la región que acaba de anunciar Bush días atrás, poco puede esperarse de su Administración por el momento. El escepticismo seguirá marginando las esperanzas.

La nueva visita al Oriente Medio de la Secretaria de Estado Condoleezza Rice, no ha dado resultados visibles que sirvan de estímulo ni siquiera para los más optimistas. Su gira venía precedida de declaraciones sobre la reactivación de las negociaciones palestino-israelíes y una "mayor implicación" de Estados Unidos en la búsqueda de soluciones al conflicto, pero nada sucedió. Lo único que pudo ofrecer ha sido optimistas declaraciones sobre el futuro. Uno de los periódicos israelíes editorializa, hablando de los horizontes políticos del conflicto palestino israelí, al referirse a la visita de Rice, que la sorpresa esta vez ha sido la falta de sorpresa alguna. Fuera de declarar su fidelidad a la agonizante Hoja de Ruta, nada nuevo aportó a las partes la Secretaria de Estado, en un momento crucial del conflicto, en que una guerra civil palestina y la tercera intifada contra Israel están a la vuelta de la esquina. Es de temer que solamente podremos esperar más de lo mismo.

http://www.aurora-israel.co.i

Palestina es un avispero donde las avispas se atacan a muerte por cada grano de polen, pero no olvidemos que quien mete la mano en el avispero suele salir perdiendo pues las avispas reaccionan todas a una contra el "enemigo común". Es más este suele servir de cohartada para superar enfrentamientos internos y aglutinar voluntades.
Así que lo mejor que puede hacer Israel es mantenerse al margen de ese avispero y dejar que se maten entre ellos, si esa es su voluntad. Y, eso sí, estar muy atento ante posibles atentados que pretendan servir de válvula de escape y responder muy duramente cada vez que sea necesario.

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3 comentarios:

  • El gobierno de Irán y Siria le dan a Hamás armas y dinero para que luche y destruya a Fatah. Por eso es que el gobierno de EE UU e Israel le dan armas y dinero a Abbas para que pueda hacer frente a la amenaza de Hamás. Si no ayudamos a Abbas, Hamás va a dominar a los palestinos, y eso significa el fin de la esperanza de paz en el conflicto palestino-israelí, por eso fortalecer a Abbas es un riesgo que muchos consideran necesario. No porque Abbas se lo merezca ni porque sea una buena persona, sino porque es el único grupo de la sociedad palestina que se opone a Hamás. Si Abbas no destruye a los terroristas de Hamás, lo va a tener que hacer Israel con sus propios medios tarde o temprano.

    De Anonymous Andrés, A las 1/17/2007 10:50 p. m.  

  • Andrés:
    No se de donde sacaste esa información de que "Israel le da armas a Fatah", pero me resulta totalmente falso.

    Israel se mantiene como un mero observador.

    De Anonymous gabriel, A las 1/18/2007 10:01 a. m.  

  • Gabriel, yo no dije que Israel le da armas a TODA la organización de Fatah, yo dije la verdad: el gobierno israelí le da armas (de manera limitada) a las fuerzas de seguridad leales a ABBAS (Abú Mazén, el presidente de la ANP). Que Abbas forme parte de Fatah no tiene nada que ver.

    De Anonymous Andrés, A las 1/19/2007 5:28 a. m.  

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