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miércoles, noviembre 08, 2006

Noticias desde eurabia

EL CALIFATO DE FRANCIA

Francia tiene un problema de soberanía sobre su territorio que comenzó hace unos 20 años y que va a peor.Los musulmanes están haciendo crecer, con el comunitarismo, los barrios islamizados, el territorio comanche de la República. Marianne, está triste y tiene miedo. Es lo que Emmanuel Bremen y una docena de profesores de institutos de los barrios publicó en su libro titulado "Los territorios perdidos de la República".Hay un malestar francés cada vez más parecido por sus síntomas al mal libanés: el comunitarismo.Los franceses hace años que están cabreados, de mal genio, algunos tristes y asustados. Existen dos grandes interpretaciones de los hechos, la economicista y la culturalista que es la mía. Los analistas materialistas convencionales, sean marxistas, post marxistas o liberales, que priorizan la interpretación de la realidad a partir de los fenómenos económicos se equivocan. Le echan la culpa del malestar francés a la baja tasa de crecimiento económico, al paro, a la escasa productividad, a la pobre competitividad y a los excesos de los gastos sociales del Estado del Bienestar, el Estado Providencia.
Evidentemente, la economía francesa ni crece ni tiene la euforia de la española pero sigue siendo la quinta del mundo recientemente superada por China. Es cierto que es un país hiperburocratizado y centralizado, al que le faltan jóvenes empresarios dinámicos.
Es cierto en que hay un 9% de parados que viven de subsidios.Uno de ellos acaba de publicar un libro en el que demuestra que acogiéndose con toda legalidad a todas los sistemas de protección que proporciona el Estado ha conseguido unos ingresos mensuales libres de impuestos de 600 euros y sólo ha trabajado 14 meses en los últimos 24 años.
Se habla de unos 300.000 jóvenes franceses de souche, de pura cepa, de clase media y alta con estudios sólidos y títulos académicos brillantes que se van a vivir al sur de Inglaterra, a EE. UU. y a Hispanoamérica, como los jóvenes cristianos libaneses.Evidentemente algo pasa, o no les gusta Francia, o les resulta aburrida o no encuentran trabajo en su país o no quieren trabajar en él. Algo diferente les pasa a dos millones de jóvenes musulmanes franceses, hijos de la inmigración, que, o no encuentran quien les contrate o no quieren trabajar y parte de los cuales intenta atraer el califato.
La interpretación de lo que pasa en Francia es tan complicada que los analistas económicos, sociales o políticos todavía no se ponen de acuerdo ni sobre el diagnóstico ni sobre la solución.Mi teoría es que les faltan conceptos y mientras tanto se dedican a hacer interpretaciones más o menos literarias empleando metáforas. Le echan la culpa de las quemas de automóviles, autobuses y edificios al paro, a la discriminación, al racismo y a las mafias de la droga. Demasiado sencillo.Al principio hablaban de los jóvenes de los barrios y de las Cités, últimamente cada vez hablan más de bandidos incendiarios, bandas de delincuentes, casseurs (camorristas), y caids de la droga.
Donde los intelectuales son maestros de la metáfora es en la forma de describir los territorios islamizados. Me refiero a las Cités HLM.El Estado francés ha sido mucho más acogedor y solidario con los inmigrantes que el español.Hay en Francia unos mil barrios de bloques con dos millones de pisos en alquiler de renta limitada propiedad del Estado, (en España solo unas 50.000 viviendas públicas de alquiler). Paradójicamente esos territorios se fueron islamizando y son hoy las bases espaciales del califato de Francia (en construcción).Como consecuencia de un diagnostico burocrático, hipócrita y erróneo se le echó la culpa al urbanismo e incluso se creó el Ministerio de la Ciudad que no ha resuelto nada. Los musulmanes se fueron adueñando de los barrios que los funcionarios y la policía comenzaron a llamar ZUS (zonas urbanas sensibles) en una apoteosis de fantasía literaria.Estos guetos barrios ultrasensibles definidos por la policía y por el Alto Consejo Francés de la Integración eran 22 en 1982, 320 en 1992 y 630 en el 2004.
Yo viví y estudié en los barrios de Nanterre y Sarcelles en los años 60 del siglo pasado. Allí vi obreros franceses inmigrados del campo y familias obreras españolas, italianas, portuguesas, y, en menor medida, argelinas y marroquíes musulmanas. Poco a poco las familias francesas y europeas se fueron yendo y fueron sustituidas por musulmanes.Hace 15 años fueron llegando los predicadores islamistas que fueron creando lugares de culto a medida que cerraban los bares, las tiendas, y los pequeños supermercados, crearon servicios sociales musulmanes y se cerraron los servicios sociales y los asistenciales laicos. En los últimos años la declaración de territorio islámico, embrión del futuro califato hipotético, ha corrido en los barrios periféricos franceses paralelas a la primera y segunda intifada palestina.
Hay una estrategia islamista soberanista de ocupación y desestabilización de los barrios.Llevaban años quemando una media anual de 27.000 coches pero en las tres semanas del otoño del 2005 en 300 barrios diferentes se quemaron 11.000 vehículos y 300 edificios públicos (escuelas, bibliotecas, guarderías, gimnasios, centros culturales y de jóvenes, correos, se expulsa al Estado, etc…). Está claro que el comunitarismo creado en Francia emplea a los menores de edad como punta de lanza (como en las pateras y cayucos que llegan a España).La nueva fase de la intifada esta buscando sangre, que mueran adolescentes. La nueva fase tiene datos estadísticos muy claros.En el año 2006 ha habido más de 5.000 ataques contra policías.En las últimas semanas cada noche se queman de media 15 automóviles y son heridos 14 policías considerados invasores extranjeros en los barrios. El Estado se ha ido retirando de la Banlieuey sólo quedan las escuelas en las que cada vez con más dificultad encuentran profesores víctimas del estrés. Son atacados hasta los bomberos, algo insólito en la historia de Occidente.
En la semana del aniversario de los sucesos del 2005 han quemado 9 autobuses casi siempre con gente dentro. Una estudiante senegalesa de 26 años que acababa de aprobar su examen fue quemada en el 60% de su cuerpo y está entre la vida y la muerte.
Los franceses de Souche miran para otro lado. Ni siquiera los estudiantes de la Universidad de Marsella se han mostrado solidarios con su compañera quemada y en coma. Sólo unos cien acudieron a la concentración de protesta en la Universidad. Sólo dos macetas y una flor decoran la rotonda donde fue quemada la estudiante senegalesa.El mal y el malestar francés se agravan. Bové el lider altermundista progre está desconcertado al ver, declaró, "a pobres atacar a otros pobres". La policía ha detenido a los cinco culpables menores de edad reincidentes y viejos conocidos de la policía. Han imputado incluso a algunos de los padres y madres.
La islamización de los barrios es una tarea inspirada y organizada por los islamistas y las mezquitas y financiada por el Estado del Bienestar. Los jóvenes parados y discriminados son el resultado de una estrategia que los ha ido convirtiendo en inempleables e inasimilables. Son la segunda y tercera generación y la esencia de lo que tienen en común que es el ser musulmanes y varones muy jóvenes. Sus padres son cómplices activos que saben a lo que se dedican los hijos varones y que encierran en casa a las chicas a las que previamente han puesto el velo.
Hay en Francia millones de jóvenes segunda y tercera generación de vietnamitas, españoles, portugueses, italianos, chinos, polacos, yugoslavos que encuentran trabajo y no queman coches, jóvenes que son un francés más. La duda que me queda es si la falta de claridad en el diagnóstico de los intelectuales franceses se debe a una obsesión economicista (el paro y la crisis económica) o es pura hipocresía.
Para entenderlo mejor hay que tener en cuenta no sólo la islamización de los barrios sino la desestabilización de los transportes. Hay grupos de jóvenes musulmanes perfectamente organizados en grupos que ni pagan en los trenes ni en los metros y que además atemorizan y humillan a los pasajeros no musulmanes. La respuesta del Estado ha sido poner tres policías por tren, policías en los vagones del metro y jóvenes con chaquetas rojas contratados para avisar de las ofensas. Ahora plantean poner un policía en cada autobús ya que los conductores sindicalmente organizados se niegan a pasar por ciertos barrios. Evidentemente está claro que no es un problema económico, ni urbanístico ni de transporte. Es un problema de soberanía. Louis Dumont, el más profundo antropólogo francés del siglo XX, decía que el comunitarismo es la enfermedad infantil del nacionalismo. Yo diría que el comunitarismo musulmán es el Sida del Estado francés.

Por: Mario GaviriaSociólogo.
Profesor de la universidad pública de Navarra y de las universidades de Pensilvania y Los Ángeles.
http://alianzacivilizaciones.blogspot.com

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