Sentir, luchar, vencer ... podemos

jueves, diciembre 20, 2007

Kaf Tet Benovember

En http://www.elreloj.com/ he encontrado este estupendo artículo de Moshe Yanai:

Noche Inolvidable
En casi cada ciudad de Israel hay una calle que se llama Kaf Tet Benovember. Es una anomalía que incluye cifras hebreas (29) y el nombre de un mes del calendario gregoriano, pero que se ha convertido en un frase conceptual bien conocida en el país. Ahora, que se cumple el sexagésimo aniversario de esa fecha, me han venido a la memoria algunos sucesos que he decidido compartir con mis lectores. El relato es el siguiente:
Nos habíamos acostado temprano aquel sábado. Hacía frío fuera y al día siguiente había que madrugar para ir al trabajo. Tal vez pensaba en la chica que había conocido en la víspera, o en el hecho que tenía ahora toda una semana de trabajo hasta que llegara el anhelado viernes. Cosas de adolescentes, y sin noción alguna de lo que estaba por ocurrir.
Poco después se escuchó un inesperado griterío. En un primer momento sospechamos que se hubiera repetido el terrible evento ocurrido unos meses atrás, cuando desde un vehículo militar británico se disparó a mansalva contra un café cercano, causando varios muertos y heridos. Era evidentemente, uno de los ataques de represalia que tomaba la soldadesca inglesa, para vengarse de las incursiones de Etzel y Leji, las dos organizaciones que luchaban contra el Mandato Británico, más radicales que la moderada Haganá. Pero no se habían escuchado disparos, tan sólo el eco de voces desaforadas a lo lejos. Vimos de repente uno de los tantos carros blindados ingleses que solían aparecer de vez en cuando, patrullando cautelosamente las zonas judías. Pero, ¿qué cosa más rara? Estaba lleno de soldados que gritaban frenéticamente... No, no, eran civiles, niños, jóvenes y hasta mujeres... Y cuando más se acercaban, más gente salía a su encuentro... ¿Cómo se explicaba semejante cosa?
La curiosidad era inaguantable, de modo que salimos a la calle. En pijama como la pluralidad del gentío que había abandonado sus hogares medio adormilado. En ausencia de alumbrado público, las luces de las casas (hacía poco habían conectado nuestro barrio a la red eléctrica) permitían vislumbrar siluetas medio dantescas que corrían como almas en pena. A lo lejos, apenas se distinguía la luz de un café cercano que todavía estaba abierto a esa hora avanzada de la noche, porque ¡ya debería ser más de las once!
El vehículo ya llegaba y cuán fue nuestra sorpresa cuando entre tanta gente encaramada en él, surgía un rostro blanco coronado con boina negra, y ¡en uniforme! Un soldado británico entre tantos judíos... ¡lo van a despedazar! Pero el joven de tez blanca, que sobresalía entre tanta gente morena, no parecía estar preocupado. Por el contrario, exhibía una amplia sonrisa y por primera vez pareciera que se sentía a sus anchas.
“Yesh lanu mediná”, coreaba la gente. En el barrio, la noticia corrió de boca en boca: “Ya tenemos Estado”. En aquellos tiempos en que nadie soñaba en la televisión, los diarios eran para quienes conocieran el idioma y a duras penas la gente tenía radio-, las noticias se divulgaban de boca en boca. Y nada hubiera podido anticipar que algo estaba por ocurrir ese 29 de noviembre de 1947.
Los jóvenes organizaron varios corros en medio de la carretera para bailar la “horra”, y los escasos vehículos que transitaban por la calle principal del barrio casi no podían pasar. Y cuando aparecía algún que otro autobús árabe que se dirigía desde Yafo a las aldeas vecinas, el gentío no perdía la ocasión para demostrar su entusiasmo, mientras que los pasajeros árabes se sentían perturbados y atemorizados ante esa explosión de alegría.
Al día siguiente ya se registraron los primeros ataques contra el tráfico judío a Netania y Jadera, y pronto se supo que el populacho árabe había incendiado el centro comercial de Jerusalén. Diez días más tarde, los árabes lanzaron un ataque desde la vecina aldea de Sálame contra el barrio. La Haganá logró rechazar a los atacantes, y aunque varias balas se habían incrustado en la pared de nuestra casa, todos estábamos ilesos si bien un tanto asustados. En un momento dado, la situación llegaría a tal extremo que nos refugiaríamos en una sinagoga de Tel Aviv. Al comenzar la Guerra de la Independencia, una seria inquietud por el futuro había reemplazado al entusiasmo. Pero aquélla había sido una noche de fiesta y de exaltación, una noche inolvidable.

En mi tiera tenemos una expresión que define perfectamente los sentimientos que expresa Moshe: ¡Que nos quiten lo bailao!
Podrán venir momentos duros, podrán venir sufrimientos pero cada alegría, cada situación de felicidad, esa no nos la pueden arrebatar, la llevamos dentro. Debemos grabarlas a fuego en nuestro disco duro.

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