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jueves, mayo 31, 2007

Alegre país, infames políticos



Dos buenos análisis sobre nuestros políticos y sus partidos. Reflexiones negativas, pesimistas. No podían ser de otra forma:


“Alegre país, éste”
por Gabriel Albiac ( LA RAZON,28 de mayo de 2007)

¿Qué es un partido político en los inicios del siglo veintiuno? Una juramentada sociedad de apoyos mutuos. De las mafias clásicas, lo diferencia una más sutil relación con lo legal. Sutil, pero paradójica. Sutil por paradójica. Basta evocar el entreveramiento de los gobiernos de Felipe González con secuestro, asesinato y robo de Estado para constatarlo. El ciudadano español ha venido sufriendo eso demasiadas veces a lo largo de muy poco más un cuarto de siglo de democracia. Es lógico que sea escéptico. Estaría enfermo si no lo fuera.
Políticos. Pocos seres tan tediosos. ¿Son todos ellos iguales? No necesariamente. Si hablamos de sujetos determinados, individuales. No son iguales Barrionuevo y Mayor Oreja, por ejemplo. Ni Gallardón y Aguirre. Ni Vera y Acebes. Ni Aznar y González. Ni Rajoy y Zapatero. Sin duda. Aunque Gallardón y González se parezcan bastante. ¿Son todos ellos iguales? Si se habla de partidos, es probable que sí. Por una determinación material: la ley que rige en España la financiación de los partidos políticos es una incitación inequívoca al robo. La cual ni siquiera pone elementos de camuflaje a lo más básico: que, sin robo, las cuentas de los partidos nunca cuadran.
Ignoro cuánto tiempo podrán los partidos políticos eludir el naufragio sociológico que esa certeza ciudadana anuncia a voces. De momento, la brutal dualización ante las urnas los salva de eso. Y una mitología de cesura nacional en dos bandos, calcada sobre la España de hace tres cuartos de siglo. «Izquierda» y «derecha» son pantallas tras las cuales se oculta lo real. Tapaderas, por lo demás, muy poco verosímiles. Nada hay más milagroso en la España contemporánea que esa sumisión con la cual una parte mayoritaria del electorado acepta que la hagan votar como si estuviera en 1931. El engaño ha funcionado ya demasiado tiempo. Y uno percibe, por debajo de la inmediatez que sigue empujando a las urnas para morbosas liturgias de retorno al pasado (a un pasado, por lo demás, considerablemente odioso), voces de sensatez que entreven la vergüenza de ser así manipulado para el solo beneficio salarial de una casta.
El PSOE sigue regido por la misma familia –por una de sus ramas, si se prefiere– que perpetró el GAL, que saqueó el Estado, que «desapareció» e hizo cachitos a Lasa y a Zabala. Y hay todavía –debe haber– algún que otro ciudadano decente que vota a gente así. Por el otro lado, a más de uno conozco que se quedó ayer en casa para no pasar la humillación de tener que meter en la urna una papeleta con el nombre de Alberto Ruiz Gallardón al frente. Lo de «votar tapándose la nariz» queda gracioso en los sainetes. Hacerlo en la vida real es bastante más duro. Hoy por hoy, el Partido Popular es el peor enemigo de sí mismo. Lo es Ruiz Gallardón. Y los demás en el partido, que lo saben, se empeñan en hacer como que no se enteran. Al final, tendrá que ser su clientela la que les dé un portazo. Sospecho que bastante pronto. Es enigmático que, aun así, quede gente lo bastante resignada o lo bastante heroica como para acercarse a una urna. Veremos lo que dura.
Alegre país, éste.

“Resistencias a la infamia”
por Hermann Tertsch (ABC,28 de mayo de 2007)

Parece claro que, en lo llamado el escenario de la relevancia nacional, son mayores las consecuencias de la grotesca campaña que las habidas de las votaciones de ayer. Se ha causado tanto daño a la autoestima política, al discurso nacional general y a la capacidad de autodefensa del Estado de derecho frente a sus enemigos en lo que era una lucha ideológica de concepto de Estado que, reducida a las pequeñeces diversas de las pugnas locales, parece que no ha pasado nada. Pueden consolarse aquellos que subrayen con razón que el Partido Popular ha sabido defenderse, frente a un tsunami de infamias, en sus principales plazas fuertes. Frente a la sistemática agresión, siempre ideológica y muchas veces personal pero también muy efectiva y constante en el terreno de la economía, las inversiones y los afectos al ciudadano. Madrid y Valencia son los grandes buques del desarrollo liberal, inteligente y no ideológico.
Pero lo terriblemente cierto es que no se hunde ni mucho menos la permanente infamia conceptual del proyecto lanzado por ese Partido Socialista de Rodríguez Zapatero, con su cúpula sectaria de neopensadores mágicos y sus cómplices nacionalistas. No parecen generar el rechazo que merecen sus propuestas de desigualdad territorial, su inseguridad jurídica y ética ante la agresión terrorista y la inanidad moral de que hacen gala en política interior, de seguridad y exterior. El único partido de oposición, el PP, ha fracasado en liderar una revuelta nacional que requería sin duda un cuerpo social más activo para hacer frente a la agresión continua que sufren las libertades agredidas por socialistas y nacionalistas. España no está mejor después de estos resultados. Mantiene refugios pero eleva su alarma ante la amenaza a sus libertades que, nadie lo dude, Zapatero y sus aliados suponen.

Si queremos un buen ejemplo de nuestros políticos y de la "alternativa" basta con ver como Gallardón se autopostula. ¡Es que no tienen remedio! ganen o pierdan. Eso sí, si yo fuera Rajoy me preocuparía bastante y miraría constantemente a mis espaldas. Porque con según que amigos ...
Su salida se ajusta a lo que desveló la revista Tiempo: que el Ejecutivo de Zapatero había pedido a la Consejería de Sanidad vasca que retrasara el alta hasta después de los comicios. Quería evitar que esta decisión le pasara factura en las urnas.

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