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martes, mayo 22, 2007

26-M = 13-M




El PP denuncia que la convocatoria de un botellón en Granada en vísperas de las elecciones procede de una sede del PSOE
El PP de Granada ha denunciado que la convocatoria por Internet de un botellón en vísperas de la jornada de reflexión procede de la sede regional del PSOE en Sevilla, lo que acreditó con la correspondiente acta notarial, por lo que denunciará este martes los hechos ante la Fiscalía y la Junta Electoral. La convocatoria la realiza un tal "Ismael" en la página http://www.votojoven.es/ para el próximo viernes "dos días antes de las elecciones", porque "este año el alcalde del PP de Granada no nos ha permitido hacer nuestro queridísimo botellón". "Pásalo a todos tus contactos", finaliza. El PP ha constatado que la IP desde la que se ha mandado el mensaje procede de la sede socialista.
Acta notarial sobre el botellón

Por otra parte, en Madrid miembros de los movimientos antisistema y okupa podrían estar organizando otro botellón a través de mensajes móvil y por e-mail para el sábado, día de reflexión. El alcalde de Madrid y candidato a la reelección por el Partido Popular, Alberto Ruiz-Gallardón, dijo este lunes que agentes del Cuerpo Nacional de Policía y de la Policía Municipal intervendrán "seguro" si se produce.

Quince agresiones al PP en once días de campaña electoral
Ya les dio resultado en marzo de 2004. ¿Por qué no repetir? Quedan días interesantes por delante. Eso sí, como siempre, serán convocatorias "espontáneas" en las que la "sociedad civil" manifestará "libre y cívicamente" su repulsa a la derecha.

Rodríguez o el auge de lo peor
Juan Carlos Girauta
Antes de la ira zapaterina, la calidad democrática de nuestro sistema era notablemente superior. Puede que no lo recuerden, todos estamos afectados de inmediatez. El hecho es que convirtieron a un partido que había gobernado trece años en una red profesional de agitación, sin hacer ascos a los negocios. Su versatilidad es innegable: tan pronto se morrean con la ETA como miran de hacerse con un banco.
Las mutaciones que siguieron a la salida de González despertaron a familias políticas durmientes, pero la catarsis post corrupción y post crimen nunca llegó. Grupos de intereses que movieron sus fichas: en eso consistió la esperada transformación del alicaído socialismo español de final del siglo XX. Recordará el lector el desconcierto de aquellas primarias rechazadas por Prisa, con el súbito ascenso y más súbita caída de Borrell; o la etapa Almunia, aquel líder investido de fracaso; o el modo en que Rodríguez, dañina nulidad, aprovechó el horror al vacío y puso en juego su absoluta falta de realismo acerca de sus propias capacidades para alzarse a hombros de Maragall y los balbases y sacar a Bono de la pista.
Antes de que descubriéramos el verdadero rostro de Rodríguez llegaban elecciones, las que fueran, y el PP podía desarrollar su actividad sin persecuciones, amenazas y asedios de partidos supuestamente democráticos. Estaban, claro, las conocidas zonas de excepción democrática donde la Constitución del 78 aún está por estrenar. Por cierto, no vaya a ser que fenezca sin que la caten los vascos.
La mayoría absoluta de Aznar y, sobre todo, el tremendo contraste de resultados en la gestión de los intereses generales imponían respeto al común de las gentes, inmunes aún en gran parte de España a la alergia. Al polen envenenado que ya esparcían por vocación y por naturaleza las flores del mal nacionalista.
La gran epidemia sectaria fue cosa de Rodríguez, a quien la historia señalará, que no se engañe, como autor de un grave atentado contra la salud democrática. Usó, sabido es, el Prestige e Irak, el Tinell y Perpiñán. Usó oscuramente el 11-M. Usó los más demagógicos resortes: de la cursilería mariprogre a las injustas cuotas; de las histéricas alarmas ambientalistas (en las que no creen los científicos libres de hipotecas) a un antiamericanismo burdo que nos alineó con Castro y el gorila rojo; de las suicidas regularizaciones masivas a la Alianza de Civilizaciones, de marchamo iraní. Usó la "memoria histórica" e identificó al PP con el franquismo, el golpismo y la derecha extrema.
Suya es la culpa si hoy no hay manera de profundizar en las materias que atañen a las elecciones autonómicas y locales. ¿Dos Españas? Sí, una que intenta hablar de gestión y otra que se divierte con los garrotazos de Bermejo.
http://www.libertaddigital.com

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