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jueves, marzo 22, 2007

ONU vs Israel




(Perdona Daniel por copiarte la imagen pero ... , resume muy bien el artículo)

Andrés nos hace llegar el siguiente artículo sobre las manipulaciones de la ONU contra Israel:

La Comisión de Derechos Humanos e Israel: la reforma fútil
Por Julián Schvindlerman (Keter (edicion abril 2007))

Si la tendenciosidad anti-israelí de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas había alcanzado antaño proporciones absurdas, la parcialidad de la nueva y empeorada comisión (ahora llamada Consejo de Derechos Humanos) ha llegado a niveles demenciales.

En su primer año de vida, el CDH ha adoptado ocho resoluciones de condena contra Israel y otras cuatro resoluciones están siendo preparadas por el bloque islámico para la actual sesión, inaugurada a comienzos de marzo. En el mismo período, ninguna otra resolución ha sido adoptada en condena de algún otro país. Esto es: ni China, ni Cuba, ni Sudán, ni Irán, entre tantísimos otros abusadores seriales de derechos humanos básicos. El CDH, a su vez, ha mantenido más reuniones extraordinarias para condenar al estado judío que reuniones ordinarias propias de su trabajo. Una propuesta en circulación al momento de escribir estas líneas apunta a remover a varios de los 41 relatores especiales de la ONU cuya misión consiste en documentar los abusos a los derechos humanos que año tras año acaecen en nuestro planeta. Vale decir que la misma entidad que debería estar observando la situación de los derechos humanos en el mundo estaría considerando frenar, precisamente, tal actividad de observación. Pero no es esto tan grave, sin embargo, dado que algunas naciones seguirían siendo estudiadas. La propuesta en cuestión asegura, puntualmente, la continuidad de la misión del relator que monitorea los derechos humanos de los palestinos.

Como ha escrito Hillel Neuer, actual director ejecutivo de United Nations Watch, una ONG suiza que intenta admirablemente corregir la politización de las Naciones Unidas: “En la ONU, Israel por largo tiempo ha sido demonizada como el peor violador de la ley internacional. Pero ahora, bajo el supuestamente reformado Consejo de Derechos Humanos, Israel se ha convertido en el único violador”. Tal es el descrédito de esta institución que incluso Kenneth Roth -director ejecutivo de Human Rights Watch, una organización internacional de defensa de derechos humanos muy crítica de las políticas israelíes hacia los palestinos- ha dicho de la CDH que “hasta ahora ha sido enormemente decepcionante”. El Consejo de Derechos Humanos fue creado un año atrás por una votación de la Asamblea General (170-4) para reemplazar a la cuestionada Comisión de Derechos Humanos, iniciativa generada en gran medida a instancias del entonces secretario-general, el ghanés Kofi Annan, quién creía que la organización había “puesto una sombra sobre la reputación del sistema de las Naciones Unidas en su totalidad”. Al cabo de un año, la performance de la nueva comisión ha sido tan mala que incluso el nuevo secretario-general de la ONU, el surcoreano Ban Ki-moon ha indicado que ésta “claramente no ha justificado todas las esperanzas que tantos de nosotros hemos puesto en ella”.

¿Por qué sucede esto? Sencillamente, porque se permite membresía a cualquier nación totalitaria que desee -y votación mediante pueda- incorporarse, independientemente del récord en materia humanitaria o democrática de la nación en cuestión. Una vez asentadas en la Comisión de Derechos Humanos, estas naciones forman bloques de solidaridad para garantizar su inmunidad frente a toda iniciativa de crítica adversa. De esta forma, la CDH pierde relevancia política y autoridad moral. Asimismo, el hecho de que el surrealismo y el doble-discurso se hayan convertido en su marca registrada, no augura bien para el futuro mejoramiento de la misma. Unos pocos años atrás, cuando quien escribe era delegado de United Nations Watch ante la ONU en Ginebra, el ejercicio de la presidencia de la CDH cayó en manos de Libia (legendario arrollador de derechos humanos). El mismo año, la presidencia de la Conferencia sobre el Desarme caería sobre Irak (acusada entonces por el Consejo de Seguridad de desarrollar armamento no convencional) y como Saddam Hussein optó por declinar la distinción, ésta paso a manos de Irán (hoy expuesto como un constructor nuclear ilegal). En previas sesiones, Israel ha sido acusada de asesinar a niños cristianos para emplear su sangre en la cocción de matzot, y se ha denunciado a los Estados Unidos de América de querer conquistar el universo. En la actual sesión del CDH, el representante cubano acusó a Suecia de llevar a cabo una limpieza étnica para que los pobladores luzcan solo “como conquistadores vikingos”, en tanto que el delegado iraní criticó a Francia por pisotear “sistemáticamente” los derechos de los musulmanes en su país. (Estas declaraciones fueron en respuesta a Suecia y Francia por haber definido a Cuba e Irán, respectivamente, como países en los que los derechos humanos no son respetados). Disparates como éstos, acumulados con el transcurso del tiempo, han ido limando la credibilidad de la Comisión hasta que quedó finalmente expuesta por lo que es: una institución de ideales nobles profundamente corrompida por las políticas inmorales de sus estados-miembro tiranos.

Una institución presuntamente protectora de los derechos humanos que incluye a Arabia Saudita y a la que EE.UU. rechaza incorporarse, ciertamente tiene un problema. Mientras las dictaduras del orbe quieran entrar y la democracia más robusta del globo quiera salir, y mientras en sus sesiones anuales las naciones libres sean difamadas a la par que las totalitarias exculpadas, difícilmente pueda el Consejo de Derechos Humanos gozar siquiera de un semblante de respetabilidad...y mucho menos de efectividad a la hora de velar por los derechos humanos de quienes más lo necesitan.
Durante la guerra fría la ONU fue una pieza más en el juego entre las dos grandes potencias. Cada una tenía sus adeptos y patrocinados, sus votos y sus vetos. Era un organismo inútil pero más o menos inocuo. Tras el derrumbe de la URSS sus acólitos quedaron huérfanos, tuvieron que buscarse la vida.
Y encontraron la solución en brindarse apoyo mutuo entre dictaduras de todo tipo. Entre estas son mayorías las de corte islámico por una sencilla razón: ¿cuántos países musulmanes democráticos conocemos? ¿cuántos de ellos son teocracias, dictaduras o monarquías más o menos medievales?
A partir de ahí no podemos extrañarnos de que tengan a Israel en el punto de mira. Es su enemigo natural porque representa la civilización ante la barbarie, la libertad ante la tiranía, la individualidad ante la "sumisión", la plena integración de la mujer frente al burka, el progreso frente al atraso, el futuro frente al pasado.
Deberíamos sentirnos orgullosos de que la ONU y su pestilente "Comisión de Derechos Humanos" tenga a Israel por enemigo. Lo preocupante sería lo contrario.

Antisemitas acusando a los judíos de racistas
Anne Bayefsky
Un reciente informe de Naciones Unidas
plasma el antisemitismo rampante que ha tomado el control de la maquinaria de derechos humanos de la ONU. En un lenguaje que recuerda a la Alemania nazi, John Dugard, el "Enviado Especial para la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967" de la ONU ha anunciado que los judíos buscan la dominación racial.
En palabras de Dugard, "el ejército israelí causa daños corporales y mentales serios a los palestinos. [...] A los palestinos de todos los OPT [territorios palestinos ocupados] se les niega la libertad de movimiento. ¿Puede negarse seriamente que el propósito de tal medida sea establecer y conservar el dominio por parte de un grupo racial (los judíos) sobre otro grupo (los palestinos) y oprimirles sistemáticamente?"

La misión de Dugard en la ONU es demonizar a Israel. Las violaciones de los derechos humanos cometidas por palestinos fueron omitidas deliberadamente de la descripción del cargo que ocupa, esbozado por primera vez por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en 1993 y prolongado por el "reformado" Consejo de Derechos Humanos. Dugard, abogado de profesión, no solamente aceptó la desequilibrada tarea, sino que aprovechó la oportunidad para convertirse, en nombre de los derechos humanos, en defensor de una solución de un único estado.
Lo que Dugard más teme no es al terrorismo y al odio que lo alimenta, sino "la judeización", la idea de que un judío resida en tierras reclamadas por los árabes. Copiando deliberadamente el imaginario nazi, su informe alude a la barrera de seguridad de Israel de esta manera: "El Muro que está siendo construido en Jerusalén Este es un instrumento de ingeniería social diseñado para lograr la judeización de Jerusalén."

El problema de la "judeización" aparece mano a mano con este defensor en la ONU del Gobierno de Hamas. Según Dugard, Israel no tiene ningún derecho a congelar la transferencia de fondos al Gobierno de Hamas. ¿El motivo? "Como era previsible, Israel justifica sus acciones por motivos de seguridad, pero el verdadero motivo parece ser la determinación a provocar un cambio de régimen". Un vistazo a la Carta de Hamas ayuda a determinar lo acertado de un cambio de régimen: "Israel existirá y seguirá existiendo hasta que el islam lo doblegue. No existe ninguna solución a la cuestión palestina que no pase por la jihad". Pero según este experto de la ONU, el problema no es un Gobierno dedicado a matar judíos, sino los propios judíos.
El principal argumento de esta avanzadilla de la ONU del antisemitismo moderno es poner en la picota al judío calificándolo como el racista supremo. Israel sería el equivalente perverso a la Sudáfrica del apartheid. Alude, de hecho, al apartheid en 24 ocasiones a lo largo de su informe, proclamando que "las leyes y prácticas de Israel en los OPT ciertamente se parecen a ciertos aspectos del apartheid". Como era de prever, omite mencionar que un quinto de la población de Israel es árabe –ciudadanos que votan y tienen representantes en el parlamento israelí– mientras los países árabes son Judenrein. ¿Y resulta que es Israel el estado del apartheid?

La demostración definitiva de que Dugard no es más que un antisemita financiado por la ONU es su forma de culpar al estado judío de todos los males del mundo:

Durante años, la ocupación de Palestina y el apartheid en Sudáfrica llamaron la atención de la comunidad internacional. En 1994, el apartheid llegó a su fin [...] los OPT se han convertido en una prueba para Occidente, una prueba para juzgar su compromiso con los derechos humanos. Si Occidente suspende esta prueba, a duras penas puede esperarse que los países en desarrollo se tomen en serio las violaciones de los derechos humanos en sus propios países.

De esta manera, la ONU invierte el bien y el mal. ¿Por qué debería Sudán detener el genocidio? Hay que esperar a que los judíos se arrepientan de su carácter judío y que el carácter judío de Israel sea finiquitado. ¿Por qué debería Zimbabwe dejar de asesinar y matar de hambre a su propio pueblo, blanco y negro? ¿Por qué debe China tolerar la libertad de expresión? ¿Por qué debería Arabia Saudí dejar que las mujeres salgan de casa sin un hombre u ocupen cualquier asiento delantero del coche? ¿Por qué debe Egipto detener la mutilación de los genitales de la mayor parte de su población femenina casada? ¡Si todos están esperando una solución al problema judío!

El dinero que el contribuyente norteamericano entrega a la ONU fue empleado para sufragar tanto el informe de Dugard como su diseminación por todo el mundo. ¿No va siendo hora de cerrar el grifo?

Anne Bayefsky es doctora en Derecho Internacional magna et suma cum laude por las universidades de Toronto y Oxford. Forma parte del Hudson Institute como miembro permanente, del Instituto Hoover, y de la Fundación para la Defensa de las Democracias.

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