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lunes, noviembre 19, 2007

¿Quién es el jefe de la OIEA?


El-Baradei e Irán
Por Julián Schvindlerman
La relación entre la comunidad internacional y la República Islámica de Irán parece seguir el movimiento de la Sonata No.7 del compositor ruso Sergei Prokofiev: ha comenzado con un allegro inquieto, ha continuado bajo un andante caloroso y posiblemente finalizará con un precipitato. Primero hubo conmoción ante la noticia de su plan atómico, luego intensa diplomacia, y ahora nos encaminamos cada vez más certeramente a un brusco final.
No son muchos los miembros de la familia de las naciones que se toman seriamente el prospecto de un Irán nuclear. Ciertamente no lo hacen Holanda y la India, países que exportan el 40% del combustible que los iraníes consumen. Tampoco las muchas firmas alemanas que continúan operando en Irán, ni las empresas suizas, italianas, austriacas y españolas que aún mantienen negocios con Teherán. Claramente no lo hace la Unión Europea en su conjunto, cuyo volumen de negocios representa para los iraníes el 40% de su comercio exterior, aunque para la UE equivale solamente al 1% de su cartera foránea. Definitivamente no lo hacen China y Rusia, quienes asisten tecnológicamente a Teherán y simultáneamente obstruyen en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas las potenciales sanciones. Y muy evidentemente, tampoco lo hace el responsable número uno en materia de seguridad atómica internacional, el Sr. Mohamed El-Baradei, director-general de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), cuya negligencia ha sido duramente criticada por los israelíes.
“Las reiteradas afirmaciones de El-Baradei, negando incongruentemente que Irán esté buscando y progresando hacia la adquisición de armas nucleares, son difíciles de explicar”, según Gerald Steinberg, titular del departamento de estudios políticos de la Universidad Bar-Ilán. En una breve monografía al respecto, este académico afirma que el funcionario egipcio que lidera la OIEA “ha perdido credibilidad y está encubriendo amplias violaciones del Tratado de No Proliferación Nuclear” por parte de Irán. Allí explica que por más de tres años, los reportes trimestrales de la OIEA sobre Irán contenían detalles de las violaciones, de las obstrucciones a las visitas de los inspectores, de importantes inconsistencias entre las declaraciones oficiales y los resultados de tests y muestras tomadas de las varias instalaciones, así como otras formas de incumplimiento, y que sin embargo y absurdamente, cada reporte firmado por el propio director-general, concluía que la evidencia no demostraba de manera suficiente que la república islámica estuviera procurando fabricar armas nucleares. Eventualmente, incluso Moscú y Pekín aceptaron la “sobrecogedora naturaleza de la evidencia”, rechazaron las afirmaciones de El-Baradei, e identificaron a Irán como una nación incumplidora del Tratado de No Proliferación Nuclear en septiembre de 2005. La junta de gobernadores de la OIEA, reunida en noviembre del mismo año, no obstante pospuso el envío del dossier iraní al Consejo de Seguridad para dar más tiempo a las negociaciones. Esta postergación favoreció a los iraníes. Solo en febrero de 2006 pudo obtener Estados Unidos el apoyo de los principales miembros de la OIEA, y lograr que el tema fuese derivado al Consejo de Seguridad. Desde entonces, las evaluaciones de El-Baradei relativas a la cuestión nuclear iraní -que, como señala Steinberg, forman la base para las consideraciones de nuevas sanciones en el Consejo de Seguridad- continúan negando los esfuerzos de los ayatollas en cruzar el umbral nuclear.
El 9 del corriente, un día después de que Mahmoud Ahmadinejad anunciara que su país disponía de 3000 centrifugadoras para el enriquecimiento de uranio (es decir, el nivel crítico y final para construir bombas nucleares), Shaul Mofaz, responsable del diálogo estratégico con Washington por el asunto iraní y ex ministro de defensa de Israel, acusó al funcionario egipcio de poner en peligro a la paz mundial al cerrar los ojos ante el plan iraní y pidió su destitución, definiendo la conducta de éste de “lenta e irresponsable”. El-Baradei, que no había alertado respecto de ningún programa no-convencional sirio, había no obstante criticado públicamente a Israel por su incursión en el territorio de Bashar al-Assad donde presuntamente destruyó un reactor atómico de construcción norcoreana. Que en el año 2005 la administración Bush se haya opuesto a la reelección para un tercer mandato de El-Baradei como director-general del organismo internacional (dada la oposición del mismo a la guerra en Irak, por lo que fue premiado con el Nobel de la Paz) y que el régimen de Ahmadinejad se haya mostrado poco tiempo atrás dispuesto a negociar con el egipcio, sea quizás el indicador más claro de lo inadecuado que es El-Baradei para monitorear el programa nuclear iraní. Sencillamente, él parece ser el hombre equivocado, en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
Ante la incompetencia del director-general de la OIEA, ante el obstruccionismo chino-ruso, y ante la imprudencia europea (con excepción de París y Londres en este momento), se cierra cada vez más la ventana de oportunidad de detener a Irán antes de que se convierta en una nación nuclear. Ni siquiera la actual Casa Blanca parece estar uniendo su retórica condenatoria con sus actos en el terreno. Jerusalem es especialmente sensible a este cuadro de situación, a la luz de las aspiraciones eliminacionistas de los iraníes. Diversas figuras relevantes del ejército israelí han alertado últimamente a propósito de la gravedad del asunto e insinuado que el próximo año será el último del que disponga la comunidad internacional para evitar que Irán sea nuclear. Con el trasfondo de la operación Osirak en 1981 y de la reciente incursión en Siria por parte de fuerzas israelíes, quizás el mundo dé por descontado que, una vez más, la acción decisiva será efectuada por Israel. Llegado el caso, que duda cabe, no serán pocos los que condenen públicamente a Israel; aunque lo aplaudan secretamente. Y habrá, también, quienes protestarán por el unilateralismo espartano de Israel y lamentarán que el sistema mundial de monitoreo nuclear haya perdido credibilidad. Las quejas estarán dirigidas hacia quién haya finalmente removido de la preocupación internacional una gran amenaza a la paz y a la seguridad, y en el olvido quedarán los actos de quienes permitieron -a través de la incompetencia y la irresponsabilidad- la conformación de semejante amenaza en primer lugar.


Son muchos países y muchos individuos los que están contribuyendo a la nuclearización de Irán. Unos lo hacen por torpeza, otros por buenismo, más de uno por antisemitismo, muchos por rivalidades político-diplomáticas, demasiados por negocio .... entre todos, con la ONU y Mohamed El Baradei a la cabeza, están engordando al monstruo, hasta que el monstruo se los coma.

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