Sentir, luchar, vencer ... podemos

martes, abril 10, 2007

Ellos o nosotros



Al Qaeda se está frotando las manos
Por Jeff Jacoby
Permítanme plantearles una pregunta con miga: ¿por qué habrá desencadenado Al Qaeda una oleada de terror tan brutal precisamente ahora, cuando los demócratas del Congreso han decidido levantar la bandera blanca y apostar por la derrota de los Estados Unidos en Irak?

Las matanzas y el caos se encontraban en retroceso en las zonas más peligrosas de Irak. En Bagdad, por ejemplo, el número de civiles asesinados había pasado de 1.222 en diciembre a 494 en febrero (y 954 en enero). Por lo que hace a las muertes registradas entre las fuerzas norteamericanas, y coincidiendo con el primer mes de la nueva estrategia contra la insurgencia diseñada por el general David Petraeus, se habían reducido en un 20%. Asimismo, se había multiplicado por diez el número de detenciones de sospechosos de terrorismo.

Sin embargo, el liderazgo demócrata en la Cámara y el Senado optó por sacar adelante unas medidas legislativas destinadas a que EEUU retire sus tropas de Irak. Por supuesto, eso es precisamente lo que quiere Al Qaeda. De hecho, Osama ben Laden ha bramado lo que sigue: "El fracaso de Estados Unidos (...) en Irak significará su derrota en todas las guerras que está librando".

Así las cosas, ¿no tendría más sentido que los terroristas continuasen escondidos, sin hacer nada que pudiera dar al traste con la retirada norteamericana?

¿Qué pretende conseguir Al Qaeda con estos ataques que han hecho saltar por los aires la relativa calma de los últimos tiempos? Entre las carnicerías que ha perpetrado se cuentan la que segó la vida de 60 personas, la mayoría mujeres y niños, en un mercado de Bagdad y la de Diyala, en la que murieron 28 civiles. Con la plana mayor del Partido Demócrata metida de hoz y coz en la estrategia de la rendición (el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, ha llegado a declarar que esta guerra no merece que se derrame "una sola gota de sangre norteamericana más"), ¿por qué habrán lanzado los terroristas una nueva oleada de matanzas?

Por otra parte, ¿por qué ha elegido Irán este momento para secuestrar a 15 soldados británicos? Uno de ellos fue obligado a redactar una carta en la que se instaba al Gobierno de Londres a "empezar a retirar" las tropas que mantiene desplegadas en Irak y a dejar a los iraquíes que "determinen su propio futuro". El caso es que el Reino Unido lleva un tiempo retirando tropas de Irak: los 40.000 efectivos de 2003 se han convertido en los 7.100 de hoy (en concreto, del mes de febrero), y Tony Blair ha anunciado que retirará otros 1.600 a lo largo de esta primavera. Entonces, ¿a cuento de qué vino la emboscada iraní?

En ambos casos, la respuesta es que ésta es la manera en que reaccionan los agresores totalitarios ante la pusilanimidad.

"En Oriente Medio es común retirarse ante una fuerza firme y atacar cuando el enemigo se retira o muestra señales de debilidad", ha escrito el teniente coronel retirado Ralph Peters en el New York Post. El repliegue británico y las votaciones en el Congreso norteamericano que tienen por objetivo abandonar Irak no van a tener por consecuencia un descenso del caos y los atropellos; todo lo contrario: el olor de la indecisión estimula el apetito de los totalitarios.

Seis años después del 11 de Septiembre, aún son legión los que no han asumido este hecho fundamental. Antes de 2001, Estados Unidos reaccionó con titubeos ante el secuestro de sus ciudadanos y la destrucción de sus embajadas, así que los yihadistas atacaron el Pentágono y echaron abajo las Torres Gemelas. Israel abandonó Gaza a los palestinos en 2005, y los palestinos hicieron de la Franja una plataforma aún más importante para el terror. ¿Que el liderazgo demócrata proclama a los cuatro vientos su impaciencia por dejar a los iraquíes a merced de los bárbaros? Pues los bárbaros toman buena nota y siguen matando.

Bernard Lewis, ese renombrado experto en el islam y el Medio Oriente lo bastante mayor para recordar cómo se produjo el acceso de Adolf Hitler al poder, ha dicho que son demasiados los líderes políticos de hoy en día que encarnan el espíritu de Munich, esto es, el rechazo a reconocer el peligro y la creencia de que puede evitarse el conflicto mediante el acomodo. "Miro a mi alrededor y veo más Chamberlains que Churchills", ha asegurado.

Pero esa afirmación no hace justicia al premier británico con que se ha identificado la política de apaciguamiento puesta en práctica en los años 30, porque Neville Chamberlain acabó declarando la guerra a la Alemania nazi una vez cayó en la cuenta de que no había manera de apaciguar a Adolf Hitler. A día de hoy, todos y cada uno de los miembros del Congreso de EEUU saben perfectamente de lo que son capaces los islamistas. Es más, alguno de los que acaban de votar por que se fije una fecha límite para la retirada consideraba, no hace tanto tiempo, que una medida de ese tipo tendría consecuencias desastrosas. Así, la senadora Hillary Clinton declaró, en el año 2005: "No creo que sea inteligente fijar una fecha de retirada. Creo que nunca debes telegrafiar tus intenciones al enemigo".

Estamos en 2007. El enemigo es el mismo. No han cambiado los riesgos, tampoco el valor y el compromiso de nuestros solados. Lo que ha cambiado es el Congreso de los Estados Unidos. Y el aroma que se respira: ahora, huele a indecisión que tira de espaldas...

JEFF JACOBY, columnista del Boston Globe.



La forma de ver la vida, y la muerte, es muy diferente en el mundo islámico con respecto a la civilización occidental. Aquí valoramos la individualidad y la libertad por encima de todo. Para ellos el individuo es solo un instrumento al servicio de Alá, al que le debe sumisión absoluta. La vida, y no digamos la libertad, de las personas no tiene ningún valor que no sea el de cumplir los designios de su dios caprichoso y cruel. Así que podemos imaginarnos el valor que conceden a la vida de los infieles: cero zapatero.



La historia islámica es una historia de guerra permanente. Es su obligación luchar hasta someter a toda la humanidad bajo los designios de Alá. Mientras haya un no musulmán la guerra no acabará. Eso sí, cada vez que lo necesiten recurrirán a la "hudna".
Si bien es verdad que “hudna” se refiere a un cese temporal de hostilidades, el objetivo de éste no es conceder un espacio para el diálogo sino reagrupar fuerzas y esperar a que el enemigo baje la guardia. Cuando la hudna termina, la parte que ha declarado la hudna es más fuerte y su enemigo es más débil.


Este término tiene su origen en la historia de la conquista musulmana de la ciudad de la Meca. En vez de buscar una victoria rápida, Mahoma hizo un pacto de diez años con la tribu de los Kuraish. En el 628, después de que hubieran transcurrido sólo dos de los años del tratado, Mahoma determinó que sus fuerzas ya se habían reforzado lo suficiente como para emprender un ataque. De esta forma, los musulmanes entraron en la ciudad de la Meca tomándola sin apenas resistencia. Utilizó el engaño y la falta de combatividad del enemigo para traicionarlo y aniquililarlo. Y no olvidemos que para ellos cualquier cosa que hiciera el camellero pederasta es sagrada y un ejemplo, obligatorio, a seguir.



Por lo tanto lo tienen muy claro: si el enemigo es más fuerte que nosotros nos replegamos, declaramos la hudna y lo engañamos con falsas palabras hasta que podamos vencerlo. Cuando llegue ese momento lo destruimos sin contemplaciones. Si, por el contrario, el enemigo da muestras de debilidad lo machacamos, no le damos respiro, intentamos aniquilarlo física y moralmente.
Absolutamente lo contrario que hacemos nosotros, que cuando nos vemos superiores levantamos el pie del acelerador, nos sentimos culpables y le tendemos la mano para ayudarlo.




En vista de esa concepción de la vida, y la muerte, que tienen los islámicos, y siguiendo los muchos ejemplos que nos da la historia, la única manera de luchar contra ellos y vencerlos consiste en "ir a por todas" sin darles tregua ni posibilidad de recuperarse y sin mostrar el más mínimo signo de debilidad. Hay que golpearles "con todo" y hacerles ver que la única alternativa que les dejamos a su destrucción absoluta es que nos respeten y nos dejen en paz, cuanto más lejos mejor.


Por supuesto todo esto que digo habrá que aplicarlo en la próxima guerra entre el islam y la civilización. En esta, en la que llevamos varios años inmersos, ya no tenemos nada que hacer. Ya la hemos perdido. Solo nos queda "salvar los muebles" y prepararnos para el futuro. Si acaso podríamos declarar una hudna a su estilo y actuar en consecuencia.


Tres buenos artículos para ilustrar mejor el tema:


  • El enemigo asimétrico
  • Matan o son matados

    Aníbal Romero:Irán y el autoengaño

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