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viernes, diciembre 22, 2006

Noticias desde eurabia

Dos buenos artículos para ver donde estamos y hacia donde vamos en eurabia:

Multiculturalismo: La islamización de la escuela
Álvaro Vermoet Hidalgo (consejero del Consejo Escolar del Estado por la Unión Democrática de Estudiantes)

Un colegio público zaragozano, decidido a hacer ver la utilidad de su Consejo Escolar, ha excluido los actos navideños de su programación anual por "haber alumnos de varios credos y culturas". Además, los villancicos de contenido religioso se han sustituido por canciones navideñas y poemas y se ha suspendido el tradicional reparto de regalos.

En Francia, algunas piscinas públicas han introducido horarios con segregación por sexo a petición de los musulmanes, igual que en Seattle, donde hay turnos sólo para musulmanes. En Massachussets los tribunales obligaron a servir camello a un preso musulmán, en el Reino Unido un juez permitió expulsar a judíos e hindúes de un jurado porque el acusado, musulmán, argumentó que no emitirían un veredicto justo.

También en el Reino Unido las cárceles están trasladando sus lavabos para que no apunten a La Meca y en un colegio británico se prohibió el cuento de "Los tres cerditos" para no ofender a los musulmanes, que no pueden comer cerdo, motivo por el cual Australia excluyó la carne de este animal de los menús de sus hospitales. Por no hablar del despido del director del France Soir que publicó las caricaturas de Mahoma, de la autocensura de una ópera en Alemania o del asesinato de Theo Van Gogh.

En España la escuela suprime villancicos, retira crucifijos y permite a las niñas musulmanas ir a clase tapadas por un velo, mientras el Gobierno financia libros de texto islámicos, lo que no hace con ninguna otra religión, y muchos Ayuntamientos censuran las fiestas de moros y cristianos, ahora fiestas de cristianos. Y aquí Arabia Saudí construye colegios y mezquitas y sólo a una organización de estudiantes liberales fanáticos se le ocurre plantear que hay una ley en España que exige reciprocidad. Porque si no hay reciprocidad, lo que hay es colonización.

Y a pesar de todo, nunca había habido tantos conflictos con los musulmanes en Europa como ahora. Estamos viendo como la idea de respetar al Islam nos lleva directamente a asumir sus normas y prohibiciones. Quitar el cuento de los tres cerditos en una escuela no es hacerla más abierta, sino más cerrada. Permitir el velo no es hacerla más aséptica en lo religioso, sino sencillamente más islámica. Permitir que una niña no haga gimnasia por ser musulmana no es secularización de la escuela pública. Es justificar, amparar y aplicar la discriminación de la mujer. Es islamizar el sistema educativo.

Nuestra identidad cultural judeocristiana es la más abierta y la más secular del mundo. Pero del mismo modo que el Islam exige el velo, nuestra cultura exige el respeto a las normas de la mayoría y a los derechos de los individuos, aunque ello implique piscinas mixtas, niñas destapadas o cuentos de cerditos. Renunciar a esa identidad cultural no es hacer más fácil la integración, sino negarla, creando un vacío que identidades como el islamismo o los nacionalismos étnicos pueden llenar.

Una escuela que permite el burka, que no da gimnasia a las niñas, que permite rezar a La Meca cinco veces al día, que no tiene símbolos de la cultura nacional como un árbol de Navidad o una bandera de España, aquella en que se estudia la lengua y cultura árabes y la religión islámica, es decir, una escuela perfectamente multicultural se parece mucho a una escuela perfectamente islámica.


Desenfocados
Serafín Fanjul

Hace unos días, un equipo de La 2 del programa Enfoque me solicitó una entrevista. La conversación duraría cinco o seis minutos y de ellos habrían de extraerse uno o dos cortes, o "totales", como dicen en la jerga mediática. El objetivo era ilustrar, junto a otros "expertos", la emisión del pasado día 14 de diciembre sobre la coexistencia con el islam. Hasta aquí todo normal, por más que no recaté ante los periodistas que me visitaron mi nula confianza en los cocineros del programa y en lo que harían con mis declaraciones, fuesen éstas las que fuesen. Pensé, como otros muchos españoles renuentes a aceptar el naufragio, que peor es no participar y abandonar el campo a los comisarios de Rodríguez. Finalmente, los cinco minutos previstos se convirtieron en cincuenta porque, al parecer, los entrevistadores no se encontraban muy a disgusto con mis argumentaciones, datos y criterios. Nos despedimos amistosamente no sin yo reiterarles la escasa credibilidad que me ofrecen estos montajes y contando, por supuesto, con que el programa ni estaba dedicado a un servidor ni mis opiniones tenían por qué ocupar sino un modestísimo espacio entre otras, como es lógico.

Tal como preveía, toda la emisión estaba encaminada a glorificar la Alianza de Civilizaciones: por cierto, cuando los periodistas suscitaron la idea, mi respuesta directa, inmediata y espontánea fue soltar una carcajada, como suele acaecerme cada vez que oigo tan divertido sintagma. Pero no fue esto lo que asomó en la pantalla, sino mis adustos comentarios posteriores en torno a la mamarrachada, fruto del aburrimiento más que de mal humor (estoy harto de ser interrogado acerca de esta cretinez, gran hallazgo de burócratas aduladores que sólo han visto moros en foto o con un vaso de whisky en la mano en los saraos diplomáticos). Para terminar la parte que me toca, aclararé que de los cincuenta minutos apenas apareció un "total" de 30 o 40 segundos, lo cual no sería mala cosecha, de haber elegido algún fragmento más representativo del largo parlamento grabado. Peras al olmo.

La presentadora, Elena Sánchez, salvó su dignidad profesional –pero no la del programa que, quizás, no depende de ella– dejando hablar a los cuatro suaves consensuadores y formulándoles algunas preguntas incómodas que, como es natural, no supieron contestar. La presencia de un solo representante del PP (entre cuatro asistentes) ya daba mala espina, pero aun eso habría bastado si la gente repitiera en público, al menos, un pálido reflejo de cuanto agita en privado. Pero no. Y los otros tres consensuadores no ofrecían garantía alguna: una señora, de nombre Marta Sanz, que decía ser escritora o algo así y cuyo papel en tan alta ocasión no llegué a discernir; un Bernardino León, preboste de Exteriores, atildadito y con corbata pija, que va proclamando a berridos no tener la menor idea de lo que es pillarse, de estudiante, una disentería en El Cairo o una invasión de sarna en Jordania; y un Javier Valenzuela, gran experto de El País en estos menesteres, que desde hace años adoctrina al universo mundo con sus conocimientos islamológicos.

Según este sabio exégeta, los imanes chiíes (él escribe "imames", que queda más enterado y modelno) fueron siete y, sobre todo, afirma muy convencido que "los baazistas trasladaron a Bagdad el califato que hasta entonces había tenido su sede en Damasco" (El País, 14/5/86), con lo cual convierte a los ‘Abbasíes en baazistas y adelanta en más de un milenio la enemistad entre el Baas sirio y el iraquí. Y por trasladar el califato. Pero esto no más constituye el baile anecdótico de los muñecos del guiñol, todos de acuerdo en que la Bruja rapte y se coma a la princesa. Por último, aunque de mala manera, apareció Gorgorito con la estaca para poner orden y bajar a la realidad a los miríficos voladores entre nubes: en la encuesta entre los espectadores, emitida al final, el 77% afirmó no considerar posible la cooperación y la coexistencia sinceras entre islam y Occidente. Qué le vamos a hacer, si el personal no es tan tonto como creen los chicos de Rodríguez. Todo el esfuerzo de los curritos por catequizar, al tacho: nadie les ha tomado en serio. Y luego hablan de divorcio entre la calle y los políticos.

Sin embargo, hay otros aspectos interesantes que subrayar: el ambiente general de pasteleo entre compadres que se ventilaba en la mesa; el objetivo palmario de vender "Alianza de Civilizaciones" al precio que sea por parte de quienes dirigen, seleccionan imágenes y participantes y cocinan todo el guiso; la insistencia en recordar acontecimientos del pasado como "culpas" de Occidente (las Cruzadas, la Inquisición, el nazismo, el estalinismo: no dicen "comunismo" por no enajenarse la voluntad de los dos rojos y medio subsistentes) con el designio claro de justificar, ahora mismo, los velos, los palos a la prójima o el aplastamiento con una camioneta de la mano de un niño ladrón, castigado de tan ejemplar modo en Irán hace muy poquito. Seguimos ignorando qué y cómo piensan aliar con semejantes animales, pero conmigo que no cuenten. Y sospecho que con una inmensa mayoría de españoles, tampoco. Y si el PP no hubiera regalado al PSOE casi todos los medios de comunicación, aun lo tendrían más crudo. En ello estamos.

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