Sentir, luchar, vencer ... podemos

domingo, octubre 15, 2006

Homenaje a Simon Wiesenthal

Al poco de cumplirse el primer aniversario de la muerte deSimon Wiesenthal quiero rendirle homenaje reproduciendo este texto extraido del blog "la bella aurora" y que suscribo plenamente:

Todavía recuerdo, en una de esas placenteras madrugadas cinematográficas caseras, cuando a los trece años descubrí en un telefilme la figura de Simon Wiesenthal. El largometraje titulado "El hombre que capturó a Eichmann" narra la captura del tecnócrata nazi que ideó la monstruosa planificación de la Solución final: el exterminio de todos los judíos de Europa. La conmoción, presente en toda la película, se realza cuando Wiesenthal despide al avión en donde Eichmann se dirige a Israel para recibir la justicia que negó a millones, dedicándoselo a todos sus familiares exterminados en el Holocausto nombrándolos uno a uno con la fórmula: "..Por ti Anna, por ti Padre..". Es una escena hipotética ya que el gran cazanazis no llevo a cabo personalmente, la captura del genocida, sino que fueron los espías del Mossad en los que delegó dicha tarea. A partir de ese espacio cinematográfico, comenzó--ahora ya no me queda duda--mi conciencia de Ser Judío.
Ayer,20 de septiembre de 2005, 16 de Elul de 5765, falleció uno de los Héroes más grandes--para mí el mas grande--de la historia del judaísmo. 96 años después de su nacimiento, en el este de Europa.
Vivió, sin excepciones, todas las persecuciones antisemitas del desastroso Siglo XX, tanto las de tinte fascista y racial , como las de tinte comunista, social y religioso. Sufrió en sus carnes el infierno indescriptible de doce campos de concentración nazis, entre ellos Treblinka y Mauthausen, donde fue encontrado con treinta y pocos kilos de peso y en una barraca con un hedor que hería el equilibrio de los rudos marines que le encontraron. Intentó suicidarse en tal irracional periodo. Ochenta y nueve miembros de su familia fueron masacrados y asesinados. Ochenta y nueve. Al finalizar la hecatombe nazi, se reencontró con su mujer Cyla--con la que permaneció hasta la muerte de esta en 2003--, hecho que probablemente le otorgó fuerzas adicionales para su lucha contra la impunidad que se cernía sobre los partícipes del mayor crimen en la historia de la Humandiad. A pesar de que debido a los intereses de la Guerra Fría se cerró su Centro de Documentación sobre el Holocasuto en Viena, el no perdió el Dossier sobre Adolf Eichmann, el más importante criminal de los que capturó. Su detención en Argentina, en 1960, donde se refugiaba bajo el nombre de Ricardo Clement, y su épico traslado a Israel, para su posterior juicio y condena, constituyeron un hecho sin precedentes en el pasado siglo y resucitó la memoria perdida del horror nazi. Lo que vino después, dejó claro al mundo, y a los miles de hacedores del Holocausto que ningún asesino de judíos volvería a quedar impune. Lo que constituyó Wiesenthal, antes que el Estado de Israel ganando guerras, fue el fin del daño gratuito al pueblo judío. Por ello mismo, Simon Wiesenthal, es el pilar donde se sostiene la dignidad de cualquier judío que se precie de serlo y habite en cualquier parte del planeta. Si hoy, cualquier individuo puede lucir su condición e ir con la cabeza alta es gracias al más célebre de los cazanazis--el más célebre de todos los judíos para mí--, simbólicamente al menos, ya que pragmáticamente, esta tarea le lleva a cabo Israel. Entre otros de sus logros, 1100 criminales de guerra fueron llevados a la justicia, como Franz Stangl comandante del campo de exterminio de Treblinka o Karl Silberbauer, cerebro de la deportación de Anna Frank.
Una carrera meteórica la cual él mismo sabia que debía llevar a cabo: "El privilegio de sobrevivir conlleva esta responsabilidad", solía decir el héroe. Una carrera meteórica premiada con la medalla del Congreso de los EEUU y del Estado Austriaco. El Nobel, jamás se lo concedieron, haciendo sus concesores de ese premio una infamia, una farsa. Se lo concedieron a personajes tan inmundos los cuales no nombraré para no manchar estas palabras que le dedico al quizas único héroe--el primero en mi baremo personal--que ha tenido el último siglo.
A mi juicio, lo más grandioso y supremo de su obra emblemática e inmortal, aparte de su tenacidad en enfrentarse a tal dificil tarea, de su constancia en tan ardua labor, de su determinación en tan costoso trabajo, de su épica y heroica resistencia a encontrar a todos los demonios ocultos, lo más grandioso reside en el título de su autobiografía, y con la que yo, humildemente y desde la más desgarradora admiración le he dado título a este escrito:"Justicia, no Venganza". Después de sufrir la elección de unos señores poderosos y de unas sociedades empobrecidamente humanas, rebosadas de envidia y odio, como no humano, después de ser rechazado socialmente, hacinado en guetos, enviado a campos de trabajo y de exterminio, después de sufrir torturas físicas y mentales, de ver como con la piel de sus coetaneos se hacía asfalto para carreteras, con el pelo relleno de almohadas, con la piel jabón y botones, después de ver como los cuerpos de las madres salían de las cámaras de gas sin vida pero con el hijo gaseado entre sus brazos en un intento de salvarle de la horrorosa muerte, después de respirar el penetrante holor de la carne quemada , después de presenciar experimentos científicos, violaciones, fusilamientos, fosas comunes...Después de vivir--si se le puede llamar así-- en primera persona todo el indefinible o incalificlable horror, el cual es imposible expresar de ninguna manera--libros,cine,testimonios..--,después de haberle tocado padecer un mal de procedencia infernal, decide no buscar venganza y así devolver un poco de dignidad a los caídos. No. Elige, de una forma magistral y emblemática para la posteridad, contener la incontable rabia que su corazón contenía y hace bandera de su lucha la respuesta más racional a la barbarie: la Justicia. Grandioso. Sublime. No caería en las redes del resentimiento reprimido fruto de sufrimientos e injusticia incontables. Combatió de la forma más solemne y noble con la que se puede: No imitando al enemigo. Representó así, los valores que los judíos han ido trnasmitiendo a lo largo de la historia.
Confieso que, ignoraba mi capacidad, después de un tiempo sin escribir en serio y con demasiado sentimiento lírico, para ofrecer unas palabras en la memoria de la persona que más he admirado sobre la Tierra. Al releerlo, no he quedado satisfecho, pero me he prometido a mi mismo realizar algo más dedicado y serio. Ni en una enciclopedia de varios volúmenes podría expresar todo lo que siento después de que, anciano y satisfecho, se lo haya llevado la dichosa muerte. El hecho de que su pérdida es reciente, me obliga a tributarle algo, aunque sea esta abstracción digital, con celeridad. Espero que algún día pueda dedicarle algo más grande, o mandar a construir un memorial--aunque sea pequeño--sobre él. El artículo lo finalizaré, relatando una anécdota que resume y evoca el fin último de la tarea de Wiesenthal.
Posteriormente a la captura de Eichmann, y a la repercusión mediática que tuvo su relanzamiento como eficiente cazanazis, Wiesenthal, que antes del Holocausto fue arquitecto, fue a New York a cenar a casa de un amigo suyo, superviviente de los campos, y que antes y después de la Shoá se dedicó a la joyería. Durante la cena, el amigo de Wiesenthal--el cual, desgraciadamente, no recuedro el nombre--le comentó que por qué hacía eso y no le daba gracias a Dios que había sobrevivido, continuaba construyendo casas y olvidaba todo ese horror. Wiesenthal, le respondió: "- Pues mira, cuando vayamos al cielo, y nos encontremos con los seis millones que murieron en los campos, nos preguntarán lo que hicimos después del Holocausto. Unos responderan que vendieron joyas, otros que construyeron casas. Pero yo les responderé: Yo no me olvidé de vosotros".
Simon Wiesenthal. El último gran héroe.

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